Walesa, la esperanza de un pueblo, retrato de un líder

 

Era cuestión de tiempo que Lech Walesa, uno de los personajes políticos más influyentes de la historia de Polonia, acabase llegando a la gran pantalla. El biopic repasa la vida de un hombre que empezó siendo un electricista pobre, padre de familia numerosa (tuvo siete hijos en total), hasta convertirse en el motor de uno de los movimientos revolucionarios más importantes del mundo. La obra, dirigida por Andrzej Wajda, probablemente uno de los mejores directores polacos vivos, sabe centrarse en lo realmente interesante de la historia de Walesa. Gran parte del metraje está dedicado a la huelga que organizó en el Astillero Lenin de Gdánsk en 1980 y que acabó extendiéndose a múltiples sectores laborales de toda Polonia. Walesa, la esperanza de un pueblo se centra en mostrarnos un líder, sin apenas estudios, pobre, pero con unos ideales muy claros que le llevarían a ser el presidente de su partido Solidaridad y más tarde el presidente de Polonia.

Andrzej Wajda es muy inteligente al mostrarnos los momentos íntimos de Walesa e igualarlos en importancia con sus grandes victorias sindicalistas y políticas. Detrás de un gran hombre siempre se esconde una gran mujer, y el caso de Walesa no es ninguna excepción. El interés del espectador por Danuta Walesa llega a ser incluso más importante que la que siente por el propio Lech, ya que resulta atractivo saber cómo una mujer sin apenas recursos consigue cuidar de sus siete hijos sin la ayuda y presencia constante de su marido.

Walesa, la esperanza de un pueblo

La documentación, caracterización y realización de la película es más que notable. El uso de imágenes de archivo junto a la recreación de los hechos colabora a la creación de un retrato no solamente correcto sino también interesante. Pero la película acaba cayendo en el error inevitable que cometen una gran cantidad de biopics. Desde un punto de vista documental la película es correcta, pero desde un punto de vista cinematográfico se espera mucho más. Es decir, la película funciona como documento histórico a la perfección, los profesores de historia que necesiten explicar la carrera de Walesa deberían utilizar el film. Pero uno tiene la sensación de que la película solo sabe recrear a la perfección los hechos históricos valiéndose de una dirección de actores más que formidable. La creatividad narrativa y estilística, que podría haber sido explotada sobre todo en los momentos más íntimos de Walesa, acaba en un segundo plano y sometida a la voluntad perfeccionista de elaborar un retrato justo y correcto del gran líder Polaco.

Pero más allá de entrar en el debate de si la obra está más cerca del documental que del biopic cinematográfico, es necesario reivindicar el interés que despierta esta película en el espectador desde el minuto uno. Aquellos que no conozcan a Lech Walesa tienen la oportunidad de ver un personaje que desde su pobreza y penuria consiguió ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz, convertirse en líder de un pueblo y en uno de los ejemplos políticos más importantes a escala europea y mundial.

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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