Turistas, muerte a la mala educación

 

Desde Bonnie & Clyde hasta Mickey & Mallory e incluyendo a los protagonistas de la muy reivindicable God Bless America, en el cine hemos visto numerosas parejas impartiendo su particular justicia a base de asesinatos selectivos con la intención de apartar de la sociedad a elementos llenos de mediocridad. Sin olvidar al imprescindible y solitario D-Fence con la cara de Michael Douglas. Ahora se nos unen estos dos disfuncionales turistas británicos que emprenden un placentero y sangriento viaje en roulotte.

Turistas es ante todo una película inglesa con ese particular humor negro tan de las islas. No hay ni grandes risas ni carcajadas pero está ese tono ligero y, en cierto modo, incómodo que por fortuna la aleja de comedias bienintencionadas al estilo Full Monty. Si es cierto que se echa en falta un poco más de contexto en los personajes que nos permita involucrarnos en su espiral violenta pero llena de inocencia pero el carisma de los actores suplen un poco esta leve deficiencia.

Son Steve Oram y Alice Lowe, autores también del guión, los que soportan la película con sus excelentes interpretaciones llenas de ternura, locura y violencia. Sin intención de desvelar demasiado, es más que interesante cómo está desarrollada la evolución de ambos personajes y cómo van intercambiando sus roles a lo largo de todo el metraje.

crítica película turistas

El mayor acierto del director Ben Wheatley es el tono que logra conseguir para que Turistas navegue entre la , la historia de amour fou de negrísimo humor, con una marcada estructura de road movie. Además, Wheatley consigue una potencia visual casi invisible unida a un ritmo pausado pero imparable que hace que los 89 minutos de Turistas se nos pasen en un suspiro pausado.

Y, como en todas las películas citadas al inicio, está la crítica a esos miembros de la sociedad adocenados, aburridos y, ante todo, maleducados a los que a todos nos gustaría atropellar o tirar por un barranco en un momento dado. Metafóricamente hablando, claro.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

  • Elicity

    La vi el sábado y aún no sé qué pensar. Totalmente de acuerdo con el último párrafo. Las interpretaciones son magistrales, con esos personajes disfuncionales tan representativos de la Inglaterra profunda de provincias, tan diferente a la Londinense cosmopolita…Aún echo en falta algo en el guión. No sé, no sé…

    • Como digo, creo que les falta un poco de contexto a los personajes, no sé si social o personal, para que empaticemos algo más con ellos.

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