Tribunal, el burócrata humanizado

 

En los dos últimos años hemos tenido la oportunidad de asistir a una especie de renovación de lo que podríamos llamar cine de juicios. Películas tan diferentes como Gett: El divorcio de Viviane AmsalemDifret o B han venido a demostrar que se puede ir más allá del típico enfrentamiento fiscal-abogado, proponiendo nuevas vías cinematográficas. La película hindú Tribunal de viene a rellenar un hueco con una más que interesante pregunta: ¿cómo son las vidas de estos jueces, abogados y fiscales? ¿Cómo es su día a día cotidiano cuando no están inmersos en la vorágine judicial?

Tribunal

De forma similar a Gett: El divorcio de Viviane Amsalem, tiene en su fondo la intención de denunciar el deleznable funcionamiento de un tribunal que tiene que juzgar a un profesor y cantautor al que se le acusa de causar el suicidio de un funcionario. Pero lo más relevante de la película de Tamhane es cómo sale de la estancia de los juzgados y nos hace acompañar en sus vidas al acusado, al abogado del mismo, a la fiscal y, por último, al mismo juez. Así vemos cómo estas personas que realizan su trabajo de forma más que discutible, con un exceso de protocolo y burocracia, no son más que personas normales.

El hecho de que estos personajes estén trazados desde la cotidianidad nos presenta un sugerente retrato de las diferentes capas sociales y humanas de la India actual y nos hace pensar que la justicia, como construcción realizada por nosotros mismos, tiene mucho camino por recorrer. Esta humanización del burócrata es sin duda dolorosa porque en realidad podríamos ser nosotros mismos.

tribunal

Tribunal cumple la mayoría de sus objetivos en cuanto a fresco social coyuntural pero no deja de ser un retrato humano general con cierta retranca muchas veces cercana al humor negro dentro de un paisaje de lo más colorido. Una película, la del debutante Chaitanya Tamhane, que nos cuenta mucho más de lo que sus anécdotas hacen parecer.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies