En los últimos 15 años ha habido tantas películas del trepa muros que es muy probable que la audiencia esté un poco saturada y cansada del personaje y eso acabe afectando al éxito de Spider-man: un nuevo universo . Lo cual no deja de ser injusto a la vista de los resultados. La esencia del cómic se mantiene en esta ocasión más intacta que nunca. Sus creadores han conseguido aunar ambos medios, el de las viñetas y el cinematográfico, confiriéndole a la película una personalidad única, refrescante e innovadora; algo harto complicado cuando prácticamente cada mes (o incluso menos) se estrena una nueva cinta de superhéroes.

Spider-Man: Un nuevo universo

Y es que no es un spoiler decir que en Spider-man: un nuevo universo el protagonista ni siquiera es Peter Parker, quien desaparece en los primeros veinte minutos de metraje. Estas decisiones son toda una declaración de intenciones. Ver fallecer a Spider-man, sin resurrecciones ni trucos, hace que por una vez sintamos la vulnerabilidad del superhéroe y no solo la de la gente que lo rodea. Llevar máscara es peligroso y tiene consecuencias a veces trágicas. Su relevo lo toma Miles Morales, un adolescente de Brooklyn en etapa de rebeldía que también sufrirá la picadura de la famosa araña. Es él quien nos guía en esta fantástica aventura donde convergen varias dimensiones que revelan realidades alternativas donde Spider-man es una mujer (Gwen), un dibujo animado (Spider-ham), un anime (Peny) o un detective en blanco y negro (Spider-man Noir).

Ahí radica uno de los muchos aciertos del film. Pone en práctica lo que predica: cualquiera puede ser un superhéroe. Haciendo que el nuevo hombre araña sea de color o lo encarne una mujer, Spider-man: un nuevo universo envía un mensaje progresista (ojalá no lo fuera) que algunos tacharán de corrección política. Pero bueno nada nuevo, y si no que se lo pregunten a J.K.Rowling y su Hermione negra en la obra teatral de Harry Potter.

Estas nuevas versiones de nuestro amigo y vecino Spider-man tienen un desarrollo coherente con lo que representan. Nos importa su devenir en una trama que nunca pierde interés, aunque por el camino deje algunos cabos sueltos (como el tío de Miles). Los guionistas se han empapado bien de los comics y han sabido dotar al conjunto de un humor reconocible y que hace justicia a las historietas en las que se basan. La interacción entre todos los Spider-man da lugar a escenas brillantes donde se combinan diferentes tipos de animación y estilos de narrativa. A pesar de ciertas limitaciones impuestas por el género como que el villano quiera destruirlo todo, se agradece que en este caso sea al menos por recuperar a su familia. Si nos mata a todos, que lo haga por una causa bonita. De todas formas, los antagonistas son lo de menos en Spider-man: un nuevo universo. Lo verdaderamente importante es el viaje que se ha de hacer para ser un superhéroe, a través del aprendizaje que conlleva esa gran responsabilidad que es tener un gran poder. Y ese poder acarrea pérdida, sacrificio, frustración y dolor.

En definitiva, toda una lección de cómo adaptar el mundo de los tebeos a la gran pantalla creando una historia emocionante y fascinante visualmente. Ahora solo queda que dejen de hacer una película del hombre araña al año para poder apreciar mejor Spider-man: un nuevo universo como se merece.

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