National Gallery, en busca de lo sublime

 

Cualquiera que haya visitado la londinense sabe de lo inabarcable de su patrimonio, imposible de disfrutar con detenimiento en una sola visita. Para el que no haya tenido la suerte de ir, o no haya empleado más de unas efímeras horas en aprovechar el viaje, llega a nuestras pantallas el National Gallery del veterano director .

National Gallery realiza un pausado viaje a las entrañas del museo londinense intentando abarcar todas las facetas posibles: desde lo administrativo a lo artístico, Wiseman desvela las entrañas y los mecanismos necesarios para que una institución tan compleja salga adelante. De este modo, asistimos a una reveladora reunión de las máximas autoridades del museo donde veremos como el marketing  a toda costa se enfrenta a la idea del museo como institución a la que el público debe acercarse, y no a la inversa; presenciaremos como el proceso de restauración y limpieza de una pintura tiene tanto de trabajo manual como de proceso intelectual; veremos los cuadros de manos de sus guías y equipos pedagógicos, y aprenderemos cómo éstos modulan su discurso adaptándolo a sus visitantes; y así hasta inspeccionar todos los recovecos de la pinacoteca londinense.

National Gallery Wiseman

Wiseman posa su cámara en cada uno de los instantes de National Gallery con la paciencia de un entomólogo que espera que algo fascinante ocurra: pero la fascinación está en la espera, en el disfrute de ver la vida de un museo ocurriendo ante nuestros ojos. Y, por supuesto, también está el arte sobre el que se reflexiona desde diferentes puntos de vista, pero siempre con la mirada no dogmática ni intrusiva de Wiseman, que nos lanza ideas, muchas de ellas en proceso de desarrollo y la mayoría sin concluir, en boca de expertos y críticos.

Tras las tres horas de tranquila visita que propone Frederick Wiseman en National Gallery, a uno le entran ganas de ir a Londres y pasear por el museo. Pero no porque National Gallery sea un publirreportaje, nada más lejos, sino por el amor hacia las obras de arte que Wiseman aporta en cada plano. Una película imprescindible para todo aquel que busque lo sublime y tenga paciencia para encontrarlo.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

2 Respuestas

  1. 18 marzo, 2015

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Cualquiera que haya visitado la National Gallery londinense sabe de lo inabarcable de su patrimonio, imposible de disfrutar con detenimiento en una sola visita. Para el que no haya tenido la suerte de ir, o no haya empleado m..…

  2. 10 enero, 2016

    […] cuanto menos que inevitable hacer referencia a National Gallery, la catedralicia obra de Frederick Wiseman, al referirse a El gran museo de  Johannes Holzhausen. […]

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