Marie Curie, la inspiración de una mujer

 

La escritora, guionista y directora nos ha resumido en 95 minutos los acontecimientos más importantes de la vida de Marie Curie , una mujer a la que nos costaría mucho adjetivar sin acudir al registro más superlativo de nuestra lengua: tan irreverente como valiente, devota del trabajo y extremadamente apasionada por comprender la vida misma, era al mismo tiempo una mujer especialmente sensible y sentimental. Quizá esta dimensión suya fuera la que le impulsaba a la continua búsqueda del “comprender” el funcionamiento de las cosas que ocurrían a su alrededor. Como ella misma expresó, “en la vida no hay cosas que temer, sólo hay cosas que comprender”. No es extraño pensar que tal afán por comprender estas cosas, proviniera del mismo temor hacia ellas.

Marie Curie
Lo que sí es extraño es que existan personas con tantísima valentía y fuerza para no descansar, ni venirse abajo, en un camino tan espinoso.

La historia de Manya Sklodowska es de lo más inspirador que puede experimentar cualquier mujer de nuestro tiempo en su vida. Es una historia que se puede conocer a través de sus repercusiones en la ciencia, en la medicina, en la prensa de sociedad, e incluso en la literatura: las cartas de amor hacia su difunto esposo Pierre Curie, desmontan todas las teorías psicológicas sobre las habilidades científicas versus artísticas, hemisferios izquierdos o derechos, pensamiento lógico versus abstracto. Manya era pura pasión altruista, y del mismo modo que amaba la vida y se obstinaba en comprenderla, amaba a su esposo, a sus hijas y a su familia como pocas personas han sido capaces de hacerlo. Y gracias a ello, no sólo podemos sentir hoy a Manya cada vez que vamos a hacernos una radiografía, sino también a través de la admiración del amor más infinito del mundo.

Que Manya naciera mujer es un hecho absolutamente crucial en la historia contemporánea y, precisamente por este motivo, el trabajo de la Marie Noëlle es intrínsecamente admirable. La película, en líneas generales, parece no estar filmada bajo un estilo muy claro: los planos sobrios, simétricos y silenciosos se alternan con una especie de recreaciones poéticas, y una edición particular (que en ocasiones recurre a “cortinillas” y divisiones de pantalla). Sin este segundo elemento, la película habría conseguido un efecto mucho más cercano a la esencia de Manya: la belleza del sencillo suceder de las cosas, y conocerlas y comprenderlas tal y como son, para vivir lo mejor posible dentro de un mundo errante y desalentador.

Sin embargo, Manya era mujer, efectivamente, y esta versión cinematográfica sobre su historia nos deja la evidencia de que muchos de los problemas que impidieron a Marie Curie vivir su sexualidad con tranquilidad, continúan existiendo de una forma más sutil.

El retrato de Manya en esta película es el de una mujer muy atractiva físicamente, consciente de ello, y del tremendo lío en el que se metió por tener un romance con Paul Langevin, compañero de investigación en La Sorbona, años después de la muerte repentina de su esposo Pierre. Paul estaba casado, pero toda la comunidad científica europea chirriaba de rabia por el simple hecho de saber que Marie Curie era una mujer sexualmente activa. Paul Langevin era adúltero, y su actividad era incuestionable, sin embargo, Marie tuvo que luchar contra el mundo, fiel a su propia naturaleza, no sólo para reivindicar más medios y dinero para su trabajo, sino para salvaguardar la seguridad de sus hijas. El reconocimiento que suponía un premio Nobel, o la reputación de su moral, eran lo menos importante para ella. Era pura filantropía femenina. Resulta muy emocionante ver las imágenes de sus vibrantes rizos rojos entre tal campo de sombreros (por no decir lo que todos pensamos) de la Academia de Estocolmo.

Por estos motivos, es probable que si este guión no hubiera retratado a Madame Curie como una hermosa mujer trabajadora y luchadora, pero principalmente enfocada y motivada por su amor hacia Pierre y su posterior deseo hacia Paul Langevin, la película como tal no habría visto la luz.

Marie Curie es una película disfrutable, tierna y bella visualmente, aunque la verdadera Manya fuera una mujer sencilla, abatida físicamente por el trabajo duro y la exposición al radio (que terminaría consumiendo su cuerpo) y su brillo natural fuera más parecido al de su propio descubrimiento: un corazón tan potente y radiante que trascendía todos los límites de su cuerpo.

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