La vida en llamas, un trabajo bien hecho

 

Cuando el cine se acerca a ciertos temas y, sobre todo, instituciones, corre el peligro en convertirse en un mero publirreportaje, es decir, un largo anuncio laudatorio sobre las virtudes de dicha empresa. La vida en llamas bordea ese aspecto centrando su atención en tres bomberos que trabajan en la BRICA, un cuerpo de élite dentro del INFOCA andaluz dedicado a la extinción de incendios: durante el metraje contemplaremos su día a día mientras esperan a que ocurra un desastre, las reacciones de sus parejas a lo arriesgado de su trabajo y los inevitables momentos cumbres, los incendios.

La vida en llamas consigue un buen equilibrio entre la espectacularidad de su propuesta visual y el acercamiento íntimo a sus protagonistas, que al final es lo que termina trascendiendo mínimamente. Por un lado, las escenas en las que los bomberos tienen que hacer frente a los incendios están narradas con gran brío y sentido visual. La belleza de las imágenes contrasta con lo fatídico que estamos viendo: ver arder un bosque mientras los bomberos trabajan proporciona planos de innegable hermosura, mientras somos conscientes que lo que estamos contemplando es un gran horror.

la vida en llamas

Por otro lado, los intermedios reflexivos de los tres personajes nos sirven para observar tres vidas en diferentes momentos: el novato, el consagrado y el veterano a punto de retirarse. Estas etapas corresponden a la evolución que sin duda viven estos trabajadores que va desde la ilusión de los inicios, el cansancio y replanteamiento del oficio y, por último, la tristeza y asunción de la retirada. La vida en llamas logra captar la humanidad de estas personas que muchas veces son vistas como héroes, dado el valor necesario para afrontar tamaña tarea.

La vida en llamas cuenta con los suficientes medios para que el documental, más allá de lo íntimo, juegue también en la liga de la espectacularidad. Sus innumerables tomas aéreas así como los acercamientos a los incendios dotan al largometraje de la visión necesaria para que comprendamos la fisicidad necesaria para enfrentarse al paisaje. Como no podía ser menos, también ayuda a que comprendamos lo que se pierde cuando uno de estos parajes sale ardiendo a la vez que valoramos el esfuerzo de este grupo de seres humanos.

la vida en llamas

Aun así, no es La vida en llamas un documental que pretenda ir más allá de sus buenas intenciones, dejando de lado cualquier pretensión de universalizar su mensaje. Un trabajo bien hecho, que es más que suficiente en los tiempos que corren.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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