Kong: La Isla Calavera, la diversión sin complejos ha vuelto.

 

King Kong ha tenido una trayectoria algo confusa en el cine. Tras la estupenda película de 1933, aún impresionante a día de hoy, se sucedieron las secuelas, parodias, plagios y crossovers. El mismo diciembre de 1933 aparecería El hijo de Kong y nada más se sabría del personaje original (de forma oficial) hasta 1962, cuando Toho compró los derechos para realizar dos películas: King Kong vs Godzilla y King Kong Escapes. Además, en 1966 realizó la serie de televisión El Show de King Kong, donde Kong tenía un doble robótico. Nada más se supo hasta el remake de 1976 y su horrible secuela realizada diez años después. Tras una serie de televisión en la que un niño controlaba al gorila mentalmente, Peter Jackson llegó dispuesto a dar su visión del personaje en 2005. La versión de Jackson y esta Kong: La Isla Calavera no pueden ser más radicalmente opuestas. Mientras que el neozelandés apostó por una historia similar a la original, con desarrollo de personajes y algunas escenas espectaculares siempre haciendo predominar el drama, ha pensado divertirse de lo lindo, mostrando acción alucinante, divertidísima y digna de aplauso interrumpida de vez en cuando por personajes que no nos llegan a importar nunca.

Kong: La Isla Calavera
Si queréis pasar un buen rato en el cine, ver a bichos gigantescos luchar sin control, puñetazos de gorilas a dinosaurios, monstruos enfadadísimos y un ritmo que nunca descansa, no lo dudéis: Kong: La Isla Calavera es vuestra película. Si lo que queréis es una historia con personajes interesantes que tengan conflictos y un arco que os haga comprender sus acciones, mejor no paguéis la entrada. Aquí hay muchos, pero ninguno (salvo el interpretado por John C. Reilly) pasa del estereotipo. Tenemos al militar que no puede dejar la guerra y está obsesionado con cazar a Kong, la pareja que no se aguanta pero al final se quiere, la chica china que nadie sabe de dónde ha salido pero generará más millones en taquilla en su país, el soldado que escribe a su hijo… No tenemos apenas pinceladas de los personajes, pero no importa. Están ahí para servir de carnaza y de simple motor entre escenas de bichos gigantes enfadadísimos. Como decimos, el único que está interpretado de una forma solvente es Hank, un soldado de la II Guerra Mundial que lleva más de 20 años encerrado en la Isla Calavera y que quiere salir de allí como sea, al que John C. Reilly da vida de una forma convincente.

En unos tiempos en los que el CGI se ha adueñado (para bien) de muchas películas, capaces de hacer reales a criaturas como Groot, Kong: La Isla Calavera ha querido dar un paso más allá y ha creado el que, posiblemente, sea el mejor trabajo hasta la fecha. Kong parece real, pelea como lo haría un gorila de cuarenta metros, muestra emociones que comprendemos sin necesidad de palabras y es el protagonista absoluto de la cinta. No dejará a nadie insatisfecho, desde luego. Y el resto de enemigos, que beben muchísimo del diseño del Estudio Ghibli (ojo: esto es un piropo, no una acusación), son igualmente bellos en cuanto a su creación y animación. Kong: La Isla Calavera consigue que sintamos, por primera vez en mucho tiempo, la sensación de descubrimiento de un mundo nuevo.

Esta película bebe del Estudio Ghibli, sí, pero también de las películas japonesas de kaiju eiga (dicho de otra forma: monstruos gigantes pegándose). Todo lo posible para resucitar ese género tan olvidado y denostado últimamente: El blockbuster, cine espectáculo puro en el que el guión es lo menos importante. ¿El único fallo al respecto de Kong: La Isla Calavera ? Estrenarse ahora y no en verano, cuando sería su fecha natural.

Kong: La Isla Calavera
Habréis notado que no he hecho mención a los actores de la película, pero realmente no hay motivo: Todos, desde Tom Hiddleston hasta Brie Larson o Samuel L. Jackson, hacen un papel cumplidor y decente, dentro de los márgenes de lo que pueden hacer con el libreto. Jordan Vogt-Roberts, que viene de la escena indie tras su nominación en Sundance por ‘The kings of summer’, ha rodado un blockbuster alejado de lo que estamos acostumbrados últimamente, dándole un toque personal pero sin sacrificar la espectacularidad. Da la sensación de que, por fin, alguien ha entendido lo que era esto tras los descalabros de películas como Independence Day 2.

Lo dicho: Una historia para salir del paso, unas escenas espectaculares que os volverán locos en la butaca, algunos de los mejores efectos especiales hasta la fecha, un Kong casi convertido en luchador de ‘Pressing Catch’ y unos personajes que no os van a importar en ningún momento (ni falta que hace). Hacen falta más películas como Kong: La Isla Calavera.

¡Ah! Y quedaos hasta después de los créditos, porque ahí vais a querer estar aplaudiendo hasta 2020.

 

 

RANDY MEEKS

Come and watch the fatty kid with a steadily declining mental health, and laugh as he attempts to give you what he cannot give himself.

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