Hermanísisimas, Poehler y Fey bajo mínimos

 

El anhelo por los tiempos pasados, es decir, la nostalgia, parece haberse convertido en una de las grandes estrategias comerciales del último cine estadounidense. En Hermanísimas, Maura y Kate, interpretadas por Amy Poehler y Tina Fey, respectivamente, se proponen montar una última fiesta en casa de sus padres antes de que éstos la vendan. Así, recuperarán por una noche aquella sensación de cuando eran adolescentes y les estaba socialmente permitido desmadrar.

Hermanísimas

Hermanísimas, dirigida por el pegaplanos Jason Moore (Dando la nota) plantea una especia de cruce con Resacón en Las Vegas y Project X, con un claro enfoque femenino, pero sin llegar a la altura cómica, ética o estética de las películas mencionadas. Poco pueden hacer los probados talentos de Fey y Poehler, a los que se le unen los nombres de Maya Rudolph, Bobby Moynihan y Kate McKinnon, para levantar el guión de la novata en esto del formato largo Paula Pell. Todos ellos se han criado en el Saturday Night Live y quizás sea la costumbre del sketch de poco más de ocho minutos el que sea el causante del cúmulo de altibajos que es Hermanísimas: hay gags inspirados, chistes divertidos y codazos al espectador; pero también hay situaciones alargadas, bromas sin sin demasiada gracia y, sobre todo, una falta de sentido cinematográfico alarmante. El guión de Pell encadena situaciones sin mucha coherencia y Moore se limita a contarlas una detrás de otra sin demasiada planificación.

Para completar el desaguisado se ven forzados a incluir un mensaje final de reivindicación de la unidad familiar y buen comportamiento que acaba negando todo lo anteriormente planteado: las cuarentonas deben dejar de comportarse como niñas dependientes de papá, dejar de comportarse como zorrones y buscar un caballero con el que pasar los días.
Hermanísimas

Aun así, para los seguidores del veterano Saturday Night Live siempre es un placer ver a Fey y Poehler en acción, aunque obviamente preferiríamos verlas en proyectos de mayor enjundia. Esperemos que las Cazafantasmas de Paul Feig rediman la tendencia.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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