God bless America, a tiros con la mediocridad

 

Esta es la premisa de God bless America: Frank, un tipo normal es diagnosticado con un tumor cerebral terminal. Primero le viene a la cabeza suicidarse pero después se lo piensa y decide antes acabar a tiros con toda la mediocridad con la que se encuentra: sus vecinos insoportables, unos concursantes de un programa de cantantes, unos tipos que hablan en el cine… A él se le une una jovencita de 16 años harta también del tema. Mirad el trailer.

God bless America no deja de ser una fábula, un cuento. Por supuesto las mentes bienpensantes pondrán el grito en el cielo y más con los recientes hechos del cine donde se proyectaba la última de Batman. Más allá del hecho de que los protagonistas usen la violencia para deshacerse de la inmundicia de la sociedad hay una profunda reflexión sobre la sociedad que estamos creando: un mundo de tristes valores donde con la excusa de la distancia irónica nos reímos del débil, una sociedad donde se ensalza una moralidad basada en la hipocresía inconsciente. Y, sobre todo, la más absoluta falta de respeto a nuestros semejantes. “¿Por qué nos empeñamos en vivir en una civilización si no nos preocupamos en ser civilizados?”, se pregunta en un momento Frank.

El actor Joel Murray interpreta maravillosamente la encarnación del tipo medianamente preocupado por lo que pasa por su alrededor. No es un intelectual, no es un político, simplemente es una persona cabal que ve que el mundo a su alrededor se va a la mierda y decide tomar cartas en el asunto. Y es difícil no identificarse con él: todos hemos deseado alguna vez liarnos a palos con alguien y quedarnos tan a gusto.

Pero como digo, esto es una película, una fábula, una metáfora. Nadie nos está diciendo que salgamos por ahí a pegar tiros a todos los que nos molesten. Tú no tienes derecho a creerte mejor que nadie para ir imponiendo por ahí tu criterio. Matar a alguien porque te molesta no es la solución, igual que robar supermercados porque ellos también son muy malos no es el camino. Que podemos pegar tiros de otra manera. Lee, edúcate, infórmate, conversa dejando de lado tus posturas dogmáticas, intenta entender al otro, respeta y al que no te respete le pegas un tiro.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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