Festival de Madrid: BLUE RAI, cosas de videoclub

 

En este videoclub de barrio puede pasar de todo. Rai ha recibido por mensaje la peor noticia que podía esperar. Su novia, ese bello ángel, con halo mágico que toca en vez del arpa una guitarra española, ha descubierto cierta mentirijilla y se marcha a Suecia a trabajar y de paso ha abandonado a ese pobre currito que es dueño de un ruinoso videoclub en Barcelona. La única manera que tiene de llamar su atención y obligarla a volver es secuestrando su propio establecimiento en donde tiene contratados a sus dos mejores amigos, dos Goonies para todos. Este es el comienzo de Blue Rai, la ópera prima de Pedro B. Abreu con guión a dos manos con su amigo Carlos Franco. Una barata Clerks a la española sin comics o partidos de hockey.

Blue Rai

Varios son los personajes que van a coincidir en ese lugar, cada uno con sus problemas, cada uno de su padre y de su madre, pero todos ellos dispuestos a ayudarle a encontrar al amor de su vida. Ocho personas encerradas por la fuerza en el baño o en el despacho de Rai que recibirán varias visitas inesperadas como el poli malo con acento argentino que actúa como mediador o el padre del protagonista que viene a cantarle a su hijo las cuarenta. Afuera todo es un caos con gente que aplaude al que infringe la ley o agentes que se permiten el lujo de interrumpir a su superior. Todo muy cómico, un señor gag que no para desde el principio de la película hasta el final de la misma.

Huele que echa para atrás ese tufillo nostálgico a los años ochenta. Estos lugares eran, junto a las recreativas, unos templos para los adolescentes en donde se pasaban las horas muertas contemplando las carátulas de las películas de estreno o dialogando con el chico o chica del mostrador que parecía saber todo sobre ellas. Ahora estos jóvenes llevan la gorra hacía atrás a la moda pokera y visten como Justin Bieber. Se llaman Jesús, son unos obsesos sexuales y manejan y controlan el móvil con un arte que asusta. Paseándose entre las estanterías también se encuentran esas marujas que bajan a alquilar cualquier película de amor y que perdieron a su marido hace años por enfermedad. Para colmo se han colado en la fiesta dos invitados sin entrada vestidos de boda y que buscan desesperadamente un anillo único que nunca podrá dominarlos. Un secuestrador de verdad aquejado de narcolepsia y los dos amigos del alma que nunca te abandonan y siempre te perdonan completan este variopinto Equipo A que mantiene en vilo a toda España y que parece dejar en un segundo plano la visita del Papa a nuestro país.

Blue Rai

Todas las ideas que surgen de sus mentes son a cada cual más loca y arriesgada como pedir pizza para los rehenes sin registrar si contiene micrófonos o cámaras ocultas, exigir como condición para la liberación de alguno de ellos que regrese Lola del lugar donde se encuentre o colgar un vídeo en la red para que todos lo vean, una especie de declaración que no sale como estaba planeado y que recuerda a American Pie y a cierta escena de cama con streptease en una silla incluido. No solo se está homenajeando a este film sino que a cada momento se hacen guiños a otros clásicos más antiguos citando sus títulos o sus frases más famosas como Titanic de James Cameron o Scarface de Al Pacino.

Blue Rai quiere elevar a los altares a todos aquellos soñadores que ven la vida como su fuera una película esperando que al final la chica caiga en brazos del valiente príncipe azul que lo ha dado todo y se ha jugado la cárcel por ella. Está dedicada a los que aún se estremecen con baladitas a la luz de un tubo fluorescente y a los modernos internautas que pinchan a menudo “me gusta” o corazones en las redes sociales porque ellos son una minoría silenciosa que expresan sus ocultos sentimientos a golpe de ratón. Quien sabe, a lo mejor cuando menos se lo esperan una poli buena les presta una moneda y llama a su corazón.

Todos hemos sido Rai alguna vez, todos hemos cometido locuras por amor en alguna ocasión, lo bueno es que esta ha sido grabada y podemos verla todos en pantalla grande.

 

Deja un comentario