Festival de Madrid: ALA-KACHUU, secuestro de novias

 

Roser Corella, directora española de documentales, fue invitada a participar en un certamen de cortos en Kirguistán, país de Asía Central a comienzos de esta década. Estuvo solo una semana allí pero se quedó sorprendida con una tradición perdida en la etapa de dominación soviética y recuperada después de 1991 con su independencia. El Ala-kachuu o “toma y huye” es una práctica de origen nómada que consiste en que un varón en edad de casamiento rapta a una joven mujer y se la lleva a su casa para después hacerla su esposa. Acompañado de familiares masculinos y amigos aparece montado a caballo, ahora en automóvil y se lleva a la chica de casa de sus padres que horrorizados ven como su hija se aleja en brazos de su captor que pronto será su marido. A su llegada al nuevo hogar se le coloca el jooluk o pañuelo de novia blanco y se le prepara para la boda. Negarse es casi imposible, aceptar su destino con ese conocido o extraño es la única opción posible.

Ala-kachuu

La directora catalana ha optado por el testimonio directo de aquellas que sufrieron en el pasado este acto tan cruel y por aquellos que los perpetraron. La ley que lo prohibe no se está cumpliendo y los daños morales pueden ser catastróficos vulnerándose derechos fundamentales. En este país el rol de la mujer está muy claro con claro sometimiento al hombre y el Ala-kachuu es un ejemplo de una realidad que debe ser cambiada.

Dos son las generaciones que se dan cita en este diván. Por un lado los más mayores y ancianos que no ven nada malo en estos secuestros y por otro las generaciones más jóvenes que en la escuela están siendo educadas en el respeto a la libertad de la mujer a elegir a su futuro esposo. Por un lado nos encontramos con matrimonios en los que el amor finalmente floreció y en otros en los que nació y creció por imposición. Algunas veces estas bodas forzosas eran para los progenitores una oportunidad de ganancia económica y unión familiar y por eso las defendían, otras veces accedían por presión popular o porque tras varios intentos de rescate su hija había perdido ya su virtud y virginidad. La vergüenza en la comunidad hubiera sido una mancha difícil de limpiar. A través de varias entrevistas llegamos a conclusión de que mientras ellas se muestran tristes antes, durante y después de todo esto, ellos se divierten y disfrutan con esta manifestación de la supremacía masculina en la sociedad kirguisa.

En varias entrevistas y coloquios Roser ha explicado que estuvo presente en alguno de estos actos de fuerza y que aunque incómoda nunca sintió amenazada su persona. Simplemente estaba siendo testigo objetivo de una costumbre que no entendía pero que debía respetar. En cuanto a la ceremonia fue un invitado, según sus propias palabras, el que le proporcionó las imágenes grabadas en donde la novia precisamente no parece muy contenta.

Ala-kachuu

Este documental de denuncia social es sin duda uno de los platos fuertes del Festival de Madrid y una oportunidad para dar a conocer este problema sin solución presente en un país que trata de no perder su identidad aunque en este caso concreto esté equivocado. Jamás hay que obligar a una persona a aceptar algo que no ha elegido pese a lo que digan los consejos de ancianos o tribunales aqsaqal del pueblo. Es importante que los protagonistas de las fotos de recuerdo del enlace claramente se muestren felices e ilusionados con el paso que van a dar y no obligados por las circunstancias o una sociedad arcaica.

Esta es la segunda vez que podemos disfrutar con el visionado de Ala-kachuu tras el DocumentaMadrid de mayo del 2017. Seguramente traerá cola y más de un debate abierto porque el tema lo merece. La puerta está abierta, la directora prefiere que seamos nosotros quienes nos pronunciemos, ella se limita a darle publicidad y a contar las diferentes historias que le contaron.

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