Festival de Sevilla, Mr. Turner: Dios es la luz

 

Parece el director Mike Leigh luchar en todo momento por encontrar el equilibrio idóneo entre el biopic al uso del gusto de mayorías y el retrato de autor más personal y sutil. En este combate interno se mueve constantemente la película siendo probable que no acabe por satisfacer al 100% ni a unos ni a otros. Ni se centra en ahondar con profundidad en datos históricos y técnicos, ni es exclusivamente cotidiana y profusa en anécdotas, ni es un estudio psicológico demasiado profundo. Y sobre todo si no tienes ni idea del pintor y de los nombres particulares que rodean su cronología podrás sentirte bastante a oscuras por momentos.

Donde Leigh pone todas las fichas para salir vencedor es en el actor Timothy Spall, representado visceralmente como un animal tosco, enigmático, excéntrico y magnético al mismo tiempo. Coloca al genio en su más vulgar acepción, humanizándolo y creando una empatía inmediata incluso en sus momentos más bajos.

Mr. TurnerVisualmente espectacular y recreando el mundo lumínico de la obra de Turner, puede llegar a ser apabullante en la recreación su imaginario. Pero se contenta con capturar en encuadres perfectos paisajes y horizontes, cuando lo más interesante (y extremadamente difícil) sería capturar el proceso mental y abstracto que llevó a Turner a usar sus colores y trazos de la forma impresionista, violenta e inconfundible que lo llevó a convertirse en el artista incomprendido y adelantado al tiempo que le tocó vivir y pintar. Que el proceso de abstracción que acompañó progresivamente la evolución de la obra del artista se reflejase de alguna manera en los fotogramas del director de Secretos y mentiras hubiese sido lo más coherente y decisivo a la hora de afrontar el universo de su creación.