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Festival de Sevilla 2018: «Touch Me Not» de Adina Pintilie

 

¿Cómo habrá cambiado la realizadora rumana Adina Pintilie después de haber pergeñado esta descomunal catártis audiovisual?, ¿quizás Laura Benson, cuyo personaje se llama, asimismo, Laura, es un trasunto de la misma Adina y en ella ha vertido todos sus traumas emocionales y corporales?, ¿podrá servir Touch Me Not para que el espectador deje de retirar la mirada ante escenas de cuerpos deformados, con necesidades especiales, pero con los mismos requirimientos afectivos que el resto?

Touch me not

Estas preguntas solo atañen a la individualidad de cada uno de nosotros así como a la de la realizadora que ha asumido un riesgo bárbaro al exponer(se) de tal forma una manera de sexualidad no normativa y muy alejada de los postulados socialmente correctos. Sin embargo, lo que deja de pertenecer a la intimidad y sube al exterior es el compromiso que tenemos, cada uno de nosotros, de considerar estas propuestas como radicalmente necesarias y no desdeñarlas, a las primeras de cambio, con frases de crítico irreverente que, en ocasiones, puede hasta que caigan en el insulto personal.

Podrá gustar más o menos pero lo que nadie puede achacarle a Adina Puntilie es su falta de coraje. A través, como decíamos, del personaje de Laura, observamos cómo el cuerpo pasa de ser frontera a prisión, y de ésta a la aceptación y la libertad, mediante una fotografía fría, aséptica, apenas rota por algunos instantes orgiásticos, literalmente. El cuerpo es retratado con una proximidad obscena y epidérmica (nunca mejor dicho) pero, a la vez, con un respeto y una ternura que entronca, directamente, con lo salvaje mismo de todo el discurso. Touch Me Not es, ante todo, un manifiesto a favor del amor, de la autoexploración, de conocerse más allá de todo lo enseñado y mostrado. Sí, seguramente a Pintilie se le vaya la mano con algunos pasajes demasiado pagados de sí mismos (lo que se conoce como pretenciosidad) pero son, precisamente, estos arranques de ambición desmedida y poco apego al ‘qué dirán’ y a lo que se ha establecido como ‘normal’ los que hacen de Touch Me Not la película que es.

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