Festival de Málaga, Día 5: Padres, madres, hijas e hijos

Tres películas protagonizadas por padres e hijos pudimos ver ayer en el mejor día que llevamos de festival dentro de la sección oficial.

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Comenzamos el día con Ali en el país de Alicia que cuenta con las estupendas interpretaciones de Nadia de Santiago y Verónica Forqué. La historia de Ali y su madre Alicia está contada con tremendo buen gusto y sensibilidad a pesar de lo leve de su anécdota argumental. Nadia de Santiago compone un personaje nada fácil que oscila entre ser insoportable y enormemente encantadora. Por su parte Forqué da vida a un madre un tanto trastornada que busca un lugar en la vida de su hija. El debut de Paco Baños se sitúa como una de las películas a tener en cuenta en el palmarés final.

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En segundo lugar pudimos ver Los Niños Salvajes que logra ser una radiografía muy cruda sobre las relaciones de los adolescentes de hoy día y sus padres. Patricia Ferreira reparte culpas entre unos padres incapaces de transmitir ninguna ilusión a sus hijos, un sistema escolar con unos docentes cansados y uno hijos que no saben gestionar su exceso de libertad. A pesar de un final un tanto tremendista la cinta huye eficazmente del maniqueísmo y moralismo que suele azotar las películas que pretenden analizar aspectos tan complejos.

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Por último, rescatamos también en la sección oficial Carmina o Revienta, debut del actor Paco León, protagonizado por su madre Carmina. Planteada como un falso documental en el que también aparece su hermana María León, Carmina o Revienta juega con que nunca sepamos qué hay de realidad y ficción dentro de lo que nos está contando. Este juego termina siendo lo más interesante de una película muy divertida pero que en ciertos momentos carga demasiado las tintas en el humor grueso. La naturalidad de Carmina y María León es otra de las grandes bazas de una obra muy peculiar.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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