FANCINE 2014: Life after Beth, mi novia es una zombie

 

Los zombies ya son un género en si mismo y como tal ahora asistimos a mil una variantes que le den un enfoque original al tema. En Life after Beth, asistimos a una romántica con un marcado tono indie: Beth, Aubrey Plaza, vuelve a casa de sus padres, pero lo sorprendente del caso es que el día anterior estaba muerta; su novio, Dane DeHann, intenta lidiar con la situación que, como no puede ser menos, se le irá de las manos.

Más allá de lo adecuado e insólito del aspecto elegido, la película estuvo en competición en el pasado Festival de Sundance, Life after Beth llama la atención por lo más que solvente de su reparto: a Plaza y DeHann se les unen Anna Kendrick, Molly Shannon, John C. Reilly, Cheryl Hines y Paul Reiser, asunto que le da al tema un atractivo considerable. Este reparto de caras conocidas, no demasiado de todos modos para el público español, da a Life after Beth una frescura que le viene muy bien para que lleguemos hasta el final de su desarrollo.

Life after Beth

El humor y el amor son las otras dos cartas que Life after Beth pone encima de la mesa con el objetivo de conquistarnos: el humor no es de carcajadas, no es esto Shaun of the dead, pero recorre toda la historia con una negrura y escatología poco habitual, con ampliando su registro borde gracias a su interpretación zombie; su vertiente romántica es potenciada por el buen hacer de Dane DeHann que transmite una vulnerabilidad y romanticismo bastante convincente.

Pero Jeff Baena, director y guionista, está a punto de desgraciar irremediablemente el conjunto por culpa de alargar sobremanera todas y cada una de las escenas de Life after Beth. Conversaciones que podrían haberse resuelto de manera elíptica, Baena las compone con largos diálogos que nos permiten disfrutar de la calidad actoral pero que desesperan por lo dilatado de los mismos. Si Baena hubiese cuidado más el ritmo y hubiera estado menos preocupado en hacerse el indie metiendo muchas palabrotas quizás estaríamos ante una película que pasase más allá del simple aprobado. ¿Quién me lo iba a decir? ¿Yo echando de menos a Edgar Wright?

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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