El regreso de Ben, el inmenso amor de una madre

 

Quien realmente está de vuelta es Julia Roberts, si es que alguna vez se marchó. Aunque los Oscars sólo le hayan otorgado una estatuilla en toda su carrera por Erin Brockovich, la actriz americana lleva más de treinta años demostrando que es una de las pocas estrellas de cine que quedan de verdad; y tampoco es que los premios de la academia tengan mucha credibilidad, para qué engañarnos. La cinta de Peter Hedges no sería lo mismo sin ella, sin desmerecer al otro personaje principal interpretado por Lucas Hedges, el hijo del director. Que estamos ante un vehículo para el lucimiento de la protagonista de Pretty Woman es obvio, pero es que Roberts borda uno de los papeles más emocionantes y humanos que ha tenido. En El regreso de Ben interpreta a Holly, una madre de familia cuyo hijo mayor Ben (Hedges), en rehabilitación por drogodependencia, vuelve por sorpresa a casa durante la Navidad. Tendrá 24 horas para remidirse al tiempo que su madre deberá decidir si le da una nueva oportunidad o si pierde toda esperanza en él, poniendo a prueba la estabilidad de la familia e intentando cerrar heridas que quizás ya no puedan o deban curarse.

El regreso de Ben

Hay películas con mucho artificio y poco alma. No es el caso de El regreso de Ben en buena medida gracias al magnífico e imperfecto también ‘Tour de force’ total que nos brindan Julia Roberts y Lucas Hedges. Ellos dos son la película y si hay un pero que se le puede poner sería no verlos más minutos juntos en pantalla. Una vez presentados todos los personajes, éllos acaparan los focos mientras el resto del elenco pasa a un muy segundo plano a pesar del buen hacer de intérpretes como Kathryn Newton, la hermana de Ben. Pero este no es su show, es el de Julia y Lucas, quienes nos atrapan de inmediato en su vorágine de miseria, drama, perdón y redención. Son capaces de convertir en magistrales, momentos tan insignificantes como Ben llorando en la iglesia o la discusión que mantienen madre e hijo en el probador. Prueba de la entrega y respeto con los que la historia trata la adicción a las drogas.

El director y también guionista acierta a la hora de mantener el relato dentro de lo cotidiano, lo mundano y sin caer en lo sensiblero. Un relato que desgraciadamente es universal. Posiblemente esté ocurriendo ahora mismo en cualquier ciudad, en cualquier casa donde la droga desmiembra familias sin opción de un final feliz. Sin embargo, flaquea a la hora de resolver la acción, perdiéndose un poco en una subtrama mafiosa que resta interés al conflicto de los protagonistas. Es debido a que esa línea argumental se queda sin desarrollar lo suficiente, pareciendo más bien un recurso improvisado para precipitar el final.

El regreso de Ben

¿La banda sonora? ¿la fotografía? Nada que se vaya a recordar de aquí a dos días. Lo que sí puede quedar en la retina del espectador es el profundo amor que una madre profesa por su hijo incluso ante la mayor de las adversidades. Y eso es un éxito para una película que tiene más en su fondo de lo que nos deja ver su forma. Yo no soy madre, pero estoy seguro de que la mía y muchas otras se emocionarían al verse reflejadas en Julia Roberts y aceptarían que, como a ella, les mueve un amor maternal a veces irracional, pero siempre incondicional.

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