El gran cuaderno, debemos aprender a no tener miedo

 

El argumento central de El gran cuaderno podría ser perfectamente equiparable a un cuento de los hermanos Grimm. Dos gemelos se ven forzados a vivir con su malvada abuela durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial. Pero János Szász a partir de la novela de Agota Kristof (primera parte de una trilogía) no se limita a describir los terribles actos de esta malvada bruja, va un paso más allá. El gran cuaderno es un film que narra la asimilación progresiva de la maldad por parte de unos niños gemelos, como mecanismo de defensa ante el cruel mundo de los adultos. Egyik y Masik pasan de un mundo aparentemente idílico con sus padres a un mundo terrible, entre los horrores de un pueblo campestre azotado por la guerra. Antes de marcharse con su abuela, ambos prometieron dos cosas, por un lado juraron a su padre que escribirían todo lo que les sucediese en un cuaderno, y por otro, que jamás dejarían de estudiar.

Egyik y Masik son la misma persona, no existe prácticamente ningún rasgo que les diferencie: piensan igual, se expresan igual, actúan igual. De hecho en la película no son tratados por los demás personajes como personas diferentes, sino como “Uno” y el “Otro”, o en el caso de su abuela, agrupados bajo el vocablo despectivo “bastardos”. Nos encontramos pues, ante un mismo personaje formado por los dos gemelos. Resulta muy interesante la forma cómo evolucionan los personajes en el ambiente en que se encuentran. El entorno rural y cruel marcado por la Segunda Guerra Mundial acaba trasformando el comportamiento de los protagonistas. Bajo el lema “Debemos aprender a no tener miedo” se entrenan para conseguir un estado de insensibilidad que les ayude a afrontar las atrocidades del mundo en que se encuentran. Pasan de ser dos niños inocentes a ser dos niños crueles bajo el único pretexto de sobrevivir.

el gran cuaderno

Lo que en un principio aparenta ser una propuesta interesante acaba decayendo a medida que progresa la película. La fuerza con la que comienza el film se ve reducida a causa de la larga y repetitiva fase de transformación de los gemelos, interesante, pero probablemente demasiado larga y tediosa. Lo mismo sucede con una puesta en escena muy atractiva durante el transcurso de los primeros minutos, pero que luego nos deja solamente con un pequeño grupo de planos destacables. Por otro lado, el magnífico trabajo del director de fotografía Christian Berger (habitual de Haneke) es como siempre admirable.

En la película existen dos aspectos realmente destacables. Por un lado, la interpretación alegórica que se puede realizar de todo el film. Tanto el libro como la película muestran perfectamente que su único objetivo no es mostrar la vida de dos gemelos sino la doble lectura que el espectador puede realizar. La trama contada es un claro símbolo del poder de la decadencia que arrastra la guerra. Una decadencia que no necesariamente ha de mostrar las horripilantes batallas, muertes, destrucciones y devastaciones que causa. Los efectos de una guerra pueden incluso tener una mayor fuerza explicando simplemente la vida de unas personas que se han de amoldar a una situación desastrosa. La forma contundente y trágica con la que se presenta esta situación en el film, es verdaderamente efectiva.

El gran cuaderno

Por otro lado, el trabajo con los actores es más que notable. Todo el reparto interpreta fantásticamente los papeles que configuran el film. Desde los debutantes gemelos Gyémánt, pasando por la espectacular abuela Piroska Molnár hasta la corta (desgraciadamente) aparición de Ulrich Thomsen como oficial nazi.

El final, con la vuelta a escena de cada uno de los padres, resulta inquietante y perturbador, dejando la vida de los hermanos totalmente abierta. El gran cuaderno no es una obra maestra pero resulta una experiencia chocante, dura, y no por ello menos cautivadora.

 

 

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual.
Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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  1. 30 abril, 2014

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