Carlos Vermut: “Lo bonito es dialogar con el riesgo de no gustar”

Termina Quién te cantará y no da tiempo a digerirla. Te quedas petrificado en la butaca escuchando Mocedades. Has sido vapuleado durante dos horas y te encanta. El director de otras joyas como Diamond Flash y Magical Girl, Carlos Vermut vuelve con una potente historia sobre la fama, la memoria y la frustración. Vuelven las escenas repletas de planos que emulan a las que pintaba Hopper el siglo pasado. Un disfrute de imágenes que hablan e interpelan al espectador. Eso es lo que le encanta al cineasta madrileño.

Eva Llorach y Najwa Nimri encabezan el reparto de esta historia arrolladora que consagra al director como uno de los más interesantes del panorama actual.

Carlos Vermut es afable y seriote con un discurso fuerte sobre cómo entender el cine. Un tipo que hace pelis. Con él hablamos sobre la identidad, el público y el desencanto.

 

Carlos Vermut

Quién te cantará reflexiona sobre la fama, la simulación del ser, la pérdida de memoria, ¿temes fingir ser otra persona en tu propio cine? 

Siempre hay un diálogo entre lo que se supone que eres tú. Una película no es cuadro, es algo que va la gente a ver al cine. Entonces, siempre hay un diálogo entre tú y los demás. Es en ese diálogo donde para mí surge lo más bonito. No solamente es lo que yo quiero hacer como creador sino como seduces a los demás. La seducción es importante porque tienes constancia del otro. Cuando eres solo tú y te da igual lo que los demás entiendan, le guste o interese al final hay un enarbolamiento de ti mismo. Cuando eres consciente de ti, pero también quieres seducir es porque tienes consciencia del otro.

Y sí, ese viaje de no corromperse está ahí, pero lo bonito también es intentar reconocerte en el otro, seducirte también y verte reflejado sin necesidad de perder tu identidad.

Siempre hablas de esa necesidad de interpelar con el público, ¿cómo lo interpretas?

Hay pelis que interpelan más que otras con espectador. Hay unas que son lo que son independientemente de quien las vea, pero otras al ser más ambiguas interpelan de una manera más directa. Quién te cantará lo hace.

También te digo que hay días que no me metería Quién te cantará ni loco. El otro día disfruté como un crío con Small Foot. Esto tiene que ver con la identidad: no todos los días eres la misma persona y por tanto no siempre te ves la misma película. Las películas no son lo que son, sino lo que vemos de ella en un momento concreto. Lo que necesitamos de ellas. Recuerdo ver en su momento Lost in translation en casa y fue insoportable. Al poco tiempo la volví a ver y me pareció maravillosa.

Quien te cantará

Hablas de ese diálogo perpetuo con el espectador, ¿crees que los directores, la gente que se dedica a transmitir algo a través de la cultura suelen olvidar a su público? 

Depende del autor y la autora. Hay personas ensimismadas con su universo que no van a hacer ninguna concesión y conscientemente se alejan del público más general. Otros solo piensan en el público independientemente de lo que ellos les guste, ellos son solo lo que el público quiere o lo creen que el público quiere. Entre esos dos espectros hay un amplio espectro de directores.

Después de Diamond Flash, Magical Girl y ahora Quién te cantará, ¿cómo ves evolucionar tu estilo made in Vermut?

No soy consciente de un estilo que quiera perpetuar. Adhiero cosas de gente que admiro: directores y directoras que existen, de gente que conozco, avances tecnológicos que quieres integrar, maneras de entender el cine. En Quién te cantará, por ejemplo, sigo más a los personajes con la cámara, es un cine más clásico. También hay más conciencia de la imagen porque creo que el cine es trabajar con la imagen. Pero no veo un estilo, es mi relación con el otro y con el medio. Igual observo que existe un estilo de consumir contenido por el móvil, más trepidante y por eso me apetece hacer algo más clásico. Como respuesta a lo que hay fuera.

No me interesa tanto el estilo como una marca personal. Me interesa ese diálogo constante con los demás.

Si mi abuela va al cine o se mete en Filmin a ver tus películas, ¿qué crees que le aportarían?

Depende. Hay señoras y señores que me han dicho que detestan mis pelis y otros que les encantan. Sin ser pretencioso, si te gustan las pelis de misterio es una historia que puedes disfrutar. Es una cuestión de tipo de atmósferas.

¿Cómo crees que se expresa mejor el desencanto: desde la tragedia o la comedia?

Para mí desde la tragedia porque tengo esta cosa que no sé de dónde viene que depara en un drama tragicómico que no encuentro en las comedias. Me siento atraído por ello. Hay algo catártico en un tragedia con sus giros de guion, las paradojas, los personajes que son malos, luego buenos y viceversa. Me gustan las pelis así. Luego me gusta mucho Coco.

Porque después de todo esa reflexión de la muerte, la memoria y la fama repleta de música es compartida con Quién te cantará.

Aparte del corto de Don Pepe Popi con los Venga Monjas, es innegable el uso del humor en tu trabajo.

Me gusta mucho introducir humor. En la vida existe el humor en todas las situaciones, no hay un guion trazado. Mezclar las cosas grotescas con las bellas, el drama con la comedia. Intercalar géneros que se prestan para hacer cosas maravillosas. Te pone aprueba. La identidad es algo interesante, pero también es una cárcel en donde te perpetúas porque sabes que a los demás les has gustado y estás tan enganchado a la aprobación de ellos que acabas limitándote a ti mismo por miedo a no gustar. Y lo bonito es dialogar con el riesgo de no gustar.

¿Piensas que Netflix y otras plataformas de pago surgen del desencanto por la forma de ver cine en formato tradicional?

No creo que surja por el desencanto sino porque la tecnología te permite que veas pelis en tu casa. Nadie creo que piensa: “No vamos al cine, vamos a inventar una cosa que se llama Netflix”. Se crea una alternativa y en lugar de ir al cine pues se queda en el sofá. No hay más. Cuando apareció el cine, la gente no dejó de ir al teatro. Es una cuestión tecnológica, gente que prefiere en casa viendo una peli. Aunque la experiencia no es la misma, claro. Entiendo que si vives en un pueblo o una ciudad pequeña donde no hay cines y existen esas alternativas sean bienvenidas. Lo que pasa es que yo prefiero ir al cine porque vivo en una ciudad como Madrid.

Aparte de los elementos técnicos como el sonido o el tamaño de la pantalla, me gusta esa sensación de no tener control sobre la película. No puedes pararla, no puedes hacer nada. El no tener ese dominio sobre estas cosas está bien. Siento que estamos demasiado acostumbrado a controlarlo todo. Por eso cuando vamos al cine no es solo el hecho de ver la película sino relajarte un rato sin el móvil, sin poder hacer nada. Simplemente tú, ahí sentado, disfrutando.

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