Battleship, la sutileza del blockbuster

 

Resulta curioso ver como tratamos a unas películas con condescendencia y en cambio a otras las machacamos y sobreanalizamos hasta el exceso. Por un lado tenemos a los PrometheusThe Dark Knight Rises, donde vemos aparecer a expertos en coherencia guionística de debajo de las piedras y a rebuscadores de mensajes ideológicos por doquier, respectivamente. Y después estos mismos miran por encima del hombro a películas con y ni siquiera se molestan en ver qué hay más allá. Peor para ellos.

Battleship_alien

El principal problema de Battleship es que está hecha con una plantilla y nos da la impresión de ya vista. Invasión alienígena de manual, diseño de producción, fotografía y música de Transformers y ya por eso muchos las desechan como un producto de consumo más y ni siquiera hacen un mínimo esfuerzo en verla aunque la miren. Pero al contrario de las dos películas mencionadas al principio, Battleship opta por una dicotomía un tanto extraña: por un lado no disimula su condición de veraniego ruidoso y tremendamente entretenido mientras nos ofrece un subtexto tremendamente pesimista cuanto menos. Os aviso que voy a meter spoilers así que si queréis ir vírgenes dejad de leer. Pero vamos, que tampoco pasa nada y lo mismo disfrutáis más la peli después de leerme.

Battleship comienza cotándonos que unos investigadores montan un dispositivo para contactar con un planeta similar a la tierra donde puede que haya vida. Con el tiempo los extraterrestres aparecen en la tierra y tienen la suerte de que el primer tipo que toma contacto con ellos es un niñato insoportable que se lleva un calambrazo al tocar donde no debía. En respuesta, los militares de los barquitos deciden ponerse a tirarle petardazos a los aliens y éstos no tienen más remedio que defenderse ante la hostilidad de los humanos que los habían llamado. ¿Veis por donde va el tema? Además en los momentos que vemos el punto de vista de los aliens nos damos cuenta de que no tienen la más mínima intención de matar humanos. Vamos que resulta que llaman a los extraterrestres para que vengan y cuando vienen nos ponemos a atacarles sin darles tiempo a que se expliquen.

Como bien me comentaba Eduo en una conversación mantenida en twitter la estrategia no deja de ser similar a la usada en su momento por Starship Troopers: estamos de parte de los humanos porque son los nuestros no porque sean los buenos. Como pasaba en la excelente película de Verhoeven los humanos que aparecen aquí son la cosa menos empática del mundo: el protagonista es un zopenco de tres al cuarto, su en principio rival y posterior colaborador es un japonés que fue entrenado para ser francotirador a los 12 años, su novia es una psicóloga que trata a veteranos lisiados pero que se debió sacar el título en el CCC porque tiene más bien pocas luces, a ésta le acompaña, por casualidad (o no) un señor negro con piernas postizas al que había sacado a hacer senderismo (WTF!!!) y que busca ser útil en la vida. Para rematar la faena en el barco hay una chica monísima que siempre está sudando (Rihanna) a la que su padre le contó algo sobre que los aliens un día iban a venir a invadirnos, es decir, los extraterrestres son malos porque me lo dijo mi padre y punto. Como veis el catálogo de personajes es cuanto menos deleznable. Como mucho se salva el hermano del protagonista, que no deja de ser un poco pardillo, y que tiene la mala suerte de ser el único que muere.

No me creo que todo esto esté hecho por casualidad. Al final el mensaje indisimulado es que esta gente del ejército son una pandilla de miedosos que atacan sin preguntar, una gente llena de prejuicios por el extranjero que es malo por el hecho de ser un y que como nos descuidemos el primer palurdo que pase por allí toma el mando de una flota de barcos destructores y se pone a bombardear cosas. Y aun habrá gente que vea en esta peli algo de propaganda militar.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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