Atlántida Film Fest: Why don’t you play in hell?

 

Estoy cada vez más convencido que parte de la futura evolución del cine pasa por Asia. Obviamente establecer una homogeneidad entre el cine japonés, chino o coreano no deja de ser una convención netamente occidental, pero no cabe duda que el cine que nos llega de estas tierras suele ser arriesgado sobre todo en lo formal: estructuras narrativas innovadoras, planteamientos de personajes marcianos y, por supuesto, historias entre el delirio y el ridículo. 

Why don’t you play in hell? plantea la peripecia de una serie de personajes en un lapso de tiempo de más de 10 años con el planteamiento y rodaje de la cinematográfica definitiva sobre los yakuza. La primera cuestión extraña que encontramos es una aparente indefinición en la primera hora de película ya que no sabemos exactamente quién es el protagonista (hay varios), ni hacia donde van. Esto que podría ser considerado una mala narración no lo es porque, poco a poco, todas las piezas van encajando en un malsano rompecabezas que tarda casi 90 minutos en componerse.

Why don't you play in hell

Sion Sono juega al , la , el y, por supuesto, el cine de artes marciales. El drama es el más desatado que podamos imaginar, la comedia la más hilarante vista en un tiempo, el thriller oscuro y azaroso, y, por supuesto, la parte final llena de contundentemente hemoglobínica. Una estrambótica e imposible coctelera que funciona por acumulación y sorpresa al no saber cuál será la siguiente extravagancia.

Y está el amor por el cine como tema principal de Why don’t you play in hell?; ese amor a hacer películas planteado, como bien dice el título, como un juego que hay que tomarse muy en serio. Así, Why don’t you play in hell? es la mejor película posible si lo que quieres es emocionarte, soltar unas carcajadas y vitorear unos cuantos sablazos de katana.

PUEDES VER WHY DON’T WE PLAY IN HELL? EN ATLANTIDA FILM FEST DE FILMIN

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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  • Y lo haces sin mencionar una sola vez a Kill Bill… Eres un maestro.

    • Ahora va a resultar que antes de 2003 no existían los monos amarillos ni las katanas.

      • No. Pregúntale a quien quieras… La gente no sabía el color del chandal de Bruce Lee hasta que Tarantino se lo puso a Uma Thurman.
        Aunque para mí la mejor película de artes marciales sea (y por muchos años) Kárate a muerte en Torremolinos.

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