Zombieland: Mata y remata, esta vez con risas

Empecemos con una confesión: no formo parte del extenso colectivo de fans de Bienvenidos a Zombieland. En realidad, casi se podría decir que he pasado muchos años teniéndole cierta tirria. Y no es que la cinta de Ruben Fleischer me pareciese mala en su momento, sino más bien tirando a mediocrilla y con un éxito de lo más injustificado. Ahora llega a la cartelera Zombieland: Mata y remata con casi una decena de años de retraso con respecto a la primera parte.

 Zombieland: Mata y remata

No negaré que la mayor parte de la manía que le cogí a la predecesora estaba motivada por el odio irracional que sentía hacia Jesse Eisenberg —quien a día de hoy sigo pensando que se trata del reverso tenebroso y sin gracia de Michael Cera— y a las comparaciones que se hicieron en su estreno con la que sí es la comedia zombie por excelencia, Zombies Party.

Asumámoslo, Bienvenidos a Zombieland apenas podía ser catalogada como comedia. Ponerle a escenas turbias una voz en off que las narraba en tono ligero no las convertía automáticamente en graciosas. Algún hallazgo había, pero en general el humor de la película podía resumirse básicamente en: «¡Jajá! ¡Ese hombre ha sido devorado por un muerto viviente sólo porque está gordo y corre despacio!». Hilarante no era. Ni siquiera el celebradísimo cameo de Bill Murray me pareció tan gracioso como al resto de la gente.

Haced el favor de ver Zombies Party.

 Zombieland: Mata y remata

Por suerte, diez años después, parece que la madurez le ha sentado bien a su equipo: Emma Stone y Abigail Breslin han crecido muchísimo como actrices, Jesse Eisenberg da un poco menos de asco, Woody Harrelson sigue siendo un torrente de carisma, los guionistas parecen haber aprendido a escribir comedia después de sus dos entregas de Deadpool y hasta el director viene dispuesto a redimirse y quitarnos el mal sabor de boca que nos dejó después del truño infecto que fue su Venom.

Las nuevas incorporaciones consiguen aportar un poco de aire fresco a la fórmula y más de una vez se adueñarán por completo de la función. Más allá de los múltiples cameos que prefiero no destripar, la excelente Zoey Deutch nos regalará un sinfín de buenos momentos y conseguirá que su presencia se eche mucho de menos cada vez que no aparezca en pantalla. Rosario Dawson también protagoniza una escena de lucimiento durante el último acto que seguramente arrancará aplausos varios en los cines.

Y además, para variar, esta vez sí hay gags. Divertidos, incluso. Tirando la casa por la ventana, oigan. Lo nunca visto.

Para bien o para mal, Zombieland: Mata y remata es una cápsula del tiempo que nos retrotrae al 2009. Esto significa que puede verse en maratón con su predecesora sin que notemos ningún cambio brusco: el estilo es idéntico y la química entre sus intérpretes permanece intacta. Sí que los guionistas se permiten el lujo de hacer algún chiste ucrónico de vez en cuando, pero no es la tónica habitual. 

La parte mala de seguir en 2009 reside en el tratamiento de sus personajes femeninos, que si en la primera entrega ya era un pelín patillero aquí directamente roza el delito. Se medio perdona porque al fin y al cabo esto no deja de ser un esperpento y los chistes cuñaos —que los hay, a puñados— al menos están contados con cierta gracia. Lo mejor que se puede decir de todo esto es que ofende poco, sobre todo cuanto menos en serio nos lo tomemos.

Zombieland: Mata y remata

Salvo un pequeño bajón de ritmo hacia la mitad, donde para más inri tienen la desfachatez de plagiar uno de los mejores gags de Zombies Party (¡que ni siquiera tiene nada que ver con los zombies en sí!), por lo general la cinta avanza a un ritmo vertiginoso con el cual es imposible aburrirse. Explotando en un clímax final lleno de carnaza y humor que hará las delicias de cualquier aficionado al género.

Total, que Zombieland: Mata y remata es un divertimento muy superior a la original. Ojalá dentro de diez años haya una tercera entrega que sea igual de graciosa que ésta y, con suerte, la mitad de rancia en algunos aspectos. Por lo pronto, a disfrutarla. Eso sí, ni se os ocurra marchar de la sala antes de ver la escena que hay durante los créditos. ¿Lo mejor de la película? Casi con total probabilidad. Pero sin hacerle ascos al resto.