Yucatán, entre ‘Las tres noches de Eva’ y ‘Vacaciones en el mar’

El mallorquín Daniel Monzón demostró en los inicios de su carrera como director un especial gusto por la comedia. El corazón del guerrero y El robo más grande jamás contado combinaban elementos de humor con el cine de y las películas de atracos, respectivamente. Sin embargo, cintas como La caja Kovak, Celda 211 o El Niño habían eliminado un tanto los elementos más hilarantes para adentrarse en los terrenos del thriller más serioYucatán es una vuelta a la comedia, aunque aquí aparezca teñida de algunos elementos dramáticos.

Yucatán

El modelo de Yucatán parece ser el clásico Las tres noches de Eva, donde Barbara Stanwyck se convertía en una estafadora que pretendía engatusar a millonario Henry Fonda durante un viaje en barco. Monzón y Jorge Guerricaechevarría, su guionista habitual, cogen prestado algunos elementos de aquel clásico de Preston Sturges y lo salpican con un triángulo amoroso entre amigos de lo ajeno y una moraleja que se podría resumir en la manida frase El dinero no da la felicidad. Así nos encontramos con la historia de un anciano, convertido en millonario gracias a la lotería, que decide irse de crucero con sus hijas y sus nueros. En el transcurso del viaje dos bandas de timadores intentarán engañarle para conseguir una parte de su riqueza.

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, Yucatán naufraga por un guion que se pierde en las insufribles tramas de los familiares del magnate y no logra que la historia de amor a tres bandas esté desarrollada de manera más o menos convincente. No ayudan demasiado al resultado final algunas salidas de tono, como el vergonzoso momento de humor escatológico y el inesperado guiño al cine torture porn que se marcan sus responsables en el último tercio de la película.

Yucatán

A todo ello hay que sumar el cansino ritmo que imprime el director al conjunto, más propio de un episodio de la añeja serie de televisión Vacaciones en el mar que de las añoradas screwball comedies del viejo Hollywood de los años treinta y cuarenta del siglo XX.

Tampoco el reparto acaba de convencer del todo. Mientras que Joan Pera, el actor que se encarga de doblar al castellano a Woody Allen, consigue emocionar con su interpretación de entrañable hombre con dinero a su pesar, no se puede decir lo mismo del argentino Rodrigo de la Serna, excesivamente histriónico como uno de los estafadores, y Luis Tosar, bastante perdido en la piel de su rival amoroso y profesional.

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