Ya no estoy aquí, una historia mexicana

Alguien en Netflix México está haciendo las cosas bien. Es evidente que se están produciendo películas y series para ser consumidas y olvidadas, algunas incluso al mismo tiempo, pero entre lo mucho, lo bueno y lo malo, alguien está introduciendo productos generados de forma independiente, y a nivel local, reciben la promoción suficiente para que sean lo que aparece en portada. Es el caso de Ya no estoy aquí.

La adolescencia nos lleva a refugiarnos en la música, y esta nos da un sentido de pertenencia, con aquellos que sienten lo mismo, que se ven en las mismas situaciones que tú. Los Kolombias, o Cholombianos, se apropiaron de la Cumbia rebajada, que a menores revoluciones hace que el tempo musical sea más lento y dé lugar a mayor emotividad. También se fusionó con bailes de carácter indígena y estética de Cholo o pandillero y peinados de reminiscencia azteca. Es este un movimiento que surgió y desapareció por la llegada de la lucha contra el narcotráfico a las calles de los barrios marginales de Monterrey. Todo esto en un corto periodo de tiempo sirve de marco para narrar la historia de Ya no estoy aquí.

Terko, con k, es más que un simple nombre en esta película, que nos narra la historia de Ulises, un líder natural dentro de su entorno Kolombia: él crea un grupo, lo nombra, lo lleva, lo gestiona e incorpora nuevos miembros, los Terkos. Este entorno creado es el escape y la motivación de estos chicos dentro de su realidad y su vida, una vida muy elemental y que sobrepasa las barreras de la marginalidad. 

Terkos es un emblema, que desafía el cambio. Cambios que se producen cuando el narcotráfico se introduce en sus calles, cambios cuando tiene que huir, cambios cuando se enfrenta a una nueva cultura, cambios cuando no es aceptado, y cambios que aíslan al protagonista y le hace rechazar todo, los cambios en su vida, los gusto ajenos, y lo transforma en un inadaptado.

Ya no estoy aquí (Fernando Frías, 2019)

La terkedad no le permite asimilar todo lo que esta recibiendo de la vida, el cambio de cultura, y evita que su propia historia se desarrolle, lo cual se ve reflejado en la película, el guion se concentra en el rechazo a todo lo nuevo, al cambio, y no nos permite ver una historia más elaborada.  Así es hasta que al final cede y guarda quién el quiere ser en un rincón de su persona, pero esa es otra historia, la cual esta película no quiere contarnos.

Fernando Frías realiza un ejercicio increíble ante la ausencia de recursos. Las actuaciones, sobre todo la impresionante de Juan Daniel García Treviño, para no tratarse de un profesional, los movimientos suaves de cámara, y un gusto por ofrecer al espectador planos de belleza y hermosas composiciones, componen una película muy fresca, con actores no profesionales que nos cuenta una historia, que podría haber ofrecido mucho más, pero que igual no habría conseguido transmitir esos sentimientos de frustración, desarraigo, y aunque en ocasiones puntuales resulta confusa, y el lenguaje de sus personajes llega a ser incomprensible para los que no están familiarizados con él.

Es de agradecer que películas como Ya no estoy aquí sean expuestas y consumidas como un producto de consumo masivo. Y es de agradecer que este tipo de cine este en el top 5 de tendencias en México y es de agradecer que el cine siga queriendo contar historias, por encima de cualquier otra cosa.

Ya no estoy aquí (Fernando Frías, 2019) ⭐️⭐️⭐️