Vertigo, el Hitchcock más imprevisible

Vertigo es una rareza dentro de la filmografía de Alfred Hitchcock. En 1958, el maestro del suspense ya había realizado Rebeca, Extraños en un tren, Crimen perfecto, La ventana indiscreta o Atrapa a un ladrón, por nombrar algunas. Ya se había ganado el favor del público como uno de los directores de más éxito en ese momento. Por tanto, su nueva película era esperada como una nueva muestra del cine comercial que Hitchcock acostumbraba a hacer. Vertigo no solo se estrelló en taquilla, también recibió tibias críticas por parte de la prensa especializada. ¿Qué había hecho mal el gordo Alfred? En realidad, todo era un problema de expectativas porque nadie esperaba una triste película de amor disfrazada de thriller.

En la primera parte de la película, el amor melancólico de Scotty por Madeleine intoxica a Hitchcock con una narración lánguida y pausada que a muchos les puede parecer tediosa. Es normal, el director nos hace partícipe del punto de vista de James Stewart y no tiene prisa en que nos enamoremos de la enigmática Kim Novak. Toda esta larga introducción está llena de silencios y miradas, de seguimientos y enamoramientos. Una floristería, un museo y un cementerio no son precisamente los lugares más emocionantes del mundo pero son los ideales para construir el ambiente melancólico que Hitchcock se propone. Probablemente, hoy día, habrían puesto a una pareja de policías para que pudiesen hablar entre ellos y explicarse las cosas, no sea que el espectador no entienda lo que está pasando. La única vía de escape es Midge, la amiga enamorada, que añade diversos matices sexuales al personaje de Scotty quizás demasiado sutiles, pero tengamos en cuenta que estamos en los años 50.

Como decía Alexliam en su crítica la segunda parte de la película se adentra un poco más en el terreno del thriller y todo adquiere un ritmo un poco más frenético. Insisto en que esto es lo que esperaba ver el público que fue a los cines a ver Vertigo y lo que mi compañero de fatigas también esperaba ver. No es cuestión de que sea un cine de otra época sino de que es una realidad que es una película con una primera parte con una cadencia muy lenta. No voy a entrar en la evidente potencia visual a la que Hitchcock nos tenía acostumbrados y que como bien dice Alexliam para sí los querrían muchos directores de hoy día.

Como mencioné hace poco en mi reseña sobre Código fuente muchas veces las expectativas y el conocimiento excesivo pueden jugar malas pasadas. Si te sientas a ver Vertigo esperando ver algo parecido a Psicosis o Con la muerte en los talones pues te llevarás un chasco. Porque Vertigo es una historia de amor, treméndamente romántica, algo único en la filmografía de su director. Quizás su película más atípica y por ello una de las más difíciles de ver si las comparamos con el resto de sus Obras Maestras. Para mi, sin desmerecer el resto, es mi favorita del británico.

2 comments
  1. Yo de Vértigo me quedo con Kim Novak. Qué elegancia, qué clase, qué ojos cautivadores y que belleza sobrenatural la de esta mujer… ya no hay bellezas como las de antes, y lo digo en serio.

    Saludos,

    Paloma

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