Uncharted, la piel que ya no vive

El nacimiento de lo pop trajo consigo tantas cuestiones acerca de la imagen que de seguro Walter Benjamin tendría material suficiente para replantearse ideas pasadas. El icono, antes vinculado a su soporte, anda a sus anchas. Camisetas con el rostro de la Gioconda o el rayo de Ziggy Stardust apenas son un atisbo de nuestra ansia por poseer un icono desprovisto de su sentido original. Disney ha decidido no en vano apropiarse de cuantos más iconos les sea posible, y desde luego les saca partido, hasta tal punto que su modelo de películas los convierten en su razón de ser – ¿o acaso No Way Home no es prueba de ello? Tras la escena del avión, quizás la secuencia más icónica de la saga de en la cual se basa Uncharted, Nathan desemboca en una playa en la que un extraño personaje le da la bienvenida con cierta condescendencia. Habrá a quien se le escape que tal sujeto es Nolan North, el Nathan Drake original, pero dudo que tal instante pase por casual para el resto. Tal es la fuerza del guiño que casi puedes sentir que la propia película está pegándote codazos desde la butaca de al lado. Uncharted, con Tom Holland por bandera, es producto de la disneyficación que sufre el blockbuster actual; estructuras y motivos visuales del original expuestos en guiños a modo de hitos para demostrar que la diferencia, y por tanto su reclamo, radica en un nombre.

Siento ser odioso al comparar, pero puestos a repetir segmentos como el de la subasta o el avión, uno no puede evitar tener la mosca detrás de la oreja. Y es que resulta que sobrevivir a la caída desde un aeroplano en el cine no llega a ser tan espectacular como sobrevivir tú mismo. Es injusto, el cine parte en desventaja, pero es lo que pasa cuando adaptas una obra interactiva que nace de tu propio medio. Uncharted, mal nos pese esa palabra, es de esas obras que pronto podrían tildarse de «innecesarias», ¿pues qué podría ofrecer una serie cuyo elemento distintivo es imposible de adaptar?

Recuerdo en este instante la saga de con una cierta aura de elegancia, incluso en las entregas de Amy Henning. Uncharted, no en balde, era una saga romántica en su atmósfera, nostálgica en su referentes, y aún así exhibía una cierta suciedad que imprimía en cada entrega una sensación de modernidad. La adaptación pretende recoger esos antihéroes maniqueos, ese supuesto «mundo de ladrones» que tanto dista de las aventuras de Indiana Jones, y sin embargo en el paso de un medio a otro el artificio queda expuesto.

Para cuando Uncharted 4 llegó al mercado, la saga se sentía vieja, apenas con 8 años de vida. Neil Druckmann desde luego mostró una faceta más adulta frente al sentido lúdico de Henning. Había un afán de reinventarse, de mostrarse fresco en un mercado donde el videojuego lineal parecía extinguirse. Hay un afán de reinventar la saga en este film, quizás no desde el punto de vista más acertado. Personajes rejuvenecidos, música pop, gráficos barrocos… Todo apunta a fachada, el punto fuerte de la saga desde luego, pero no de su adaptación, que no deja de recordar a aquellas películas de aventuras de Matthew McConaughey. Una vez más, Uncharted se siente viejo e indefenso, protegido por un nombre pero no por unas imágenes o un guion férreo que le ayude a destacar, tan sólo un estilo desenfadado, juvenil, desfasado y vacío. El viaje del héroe no resulta del todo una opción viable cuando incluso Marvel pretende alejarse de los orígenes del superhéroe. La apuesta de esta cinta radica en su bandera, en sus iconos, sin los cuales no se sostiene lo suficiente.

Uncharted

Acaba, da igual si algo ha pasado de moda o no; siempre y cuando tenga un nombre, la nostalgia cobra fuerza, más ahora que la distancia apenas es de 10 años. Al final hay una conciencia sobre la deslocalización en Uncharted, sobre los lugares comunes que quedan al quitar el esqueleto que supone la jugabilidad. Tomb Raider y Uncharted son dos de las últimas incursiones en el terreno de las aventuras y en ambos casos la aproximación ha sido temerosa, no sin razón, pues desde luego es un negocio rentable acudir a tales firmas con escasa inversión. Las sagas titánicas comienzan su periodo de decadencia en la curva natural del estilo. El cine sólo resulta rentable viviendo día a día sin salir de la línea.

Al final del día, el espectador medio saldrá del cine con una camiseta de Nathan Drake, mirará su móvil con la Mona Lisa de fondo de pantalla y mirará en los 30 detalles que no viste de la película de Uncharted. Luego dejará su móvil y se irá a dormir, sin escasa intención de recordar el film al día siguiente. Pronto se estrenará otra cinta, manufactura Disney. Qué bien. Cuanto me jode parecer un viejo nostálgico ante la desgana de otros. Uncharted estuvo bien, supongo. No diré que no me entretuvo. Sólo lamento no haberla podido vivir.

Uncharted (Ruben Fleischer, 2022) ⭐️⭐️⭐️

Uncharted

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