Thor: Ragnarok, ¿quién necesita un martillo?

Si hay alguien que todavía se acuerda de Thor: El mundo oscuro, recordará lo que pensó nada más verla … pero como no hay nadie que se acuerde, nunca lo sabremos. Lo único que yo sé es que en mi filmoteca mental la coloqué junto con las dos secuelas de Iron Man, en un estante llamado indiferencia donde almaceno las películas que me han hecho perder un tiempo que nunca volverá a mí. Qué drama.. Por esa razón, parecía acertada la estrategia de Marvel de hacerle un lavado de cara a esta tercera entrega, Thor: Ragnarok; empezando por contratar a un director con un sello radicalmente opuesto al de sus predecesores. Claro que, viendo el resultado, se han acercado muy peligrosamente al estilo y tono de Guardianes de la Galaxia. Querer reinventarse no tiene que suponer abandonar toda seña de identidad y replicar lo que a otros les ha funcionado. Aunque la película no está exenta de fisuras, su conjunto tiene unos cimientos lo suficientemente sólidos como para resistirlas. Y esa fortaleza se debe en gran parte a su reparto y a que Thor: Ragnarok es un entretenimiento de primera.

Thor: Ragnarok

Ya desde el principio asistimos a una declaración de intenciones en la que, como ya he comentado, olvidar el pasado es la máxima a seguir. ¿Natalie Portman? A quién le importa. ¿El resto del reparto original? Vamos saliendo en orden, por favor. Incluso los secundarios que se quedan han visto mermada su participación, a excepción de Loki. Y claro, esas ausencias hay que compensarlas. Ahí radica el primer acierto del largometraje, el haber elegido con mano muy diestra a quienes van a rodear al protagonista. Tanto Mark Ruffalo (Hulk) como Jeff Goldblum (El gran maestro) son fichajes y personajes de lo más acertados. Sus intervenciones aportan lo justo a la trama y se complementan a la perfección con Thor, si bien algunos de sus pasajes llegan a alargarse en exceso. Pero sin duda la mayor incorporación se trata de Cate Blanchett (Hela), actriz que sería capaz de convertir un a lectura de un contrato de trabajo en un apasionante relato. Ahora que se lleva mucho eso de hacer spin-off de cualquier cosa deberían pensar en su personaje. Nada más aparecer en pantalla se convierte en la reina de la función hasta que el guion decide desaprovechar su potencial y su papel se acaba diluyendo . Además, existe una reiteración en este tipo de producciones que en Thor: Ragnarok también se cumple y que no es otra que la obsesión del villano por destruirlo todo..

Parece inevitable que la mayor parte de las películas Marvel sean presa de su espectacularidad. Cada nueva entrega debe ser más impresionante ¡guau!, más grande. Pero ¿dónde está el límite? Destruir una ciudad es propio de alguien chapado a la antigua. Acabar con el mundo o querer dominarlo es muy de finales de los 90. Incluso ya no sorprende salir al espacio, encontrarse a Sandra Bullock a la deriva y batallar a través de las galaxias. En Thor: Ragnarok el asunto va de Dioses y mundos mitológicos, pero incluso así empieza a ser difícil no caer en lugares comunes..

Aceptando esa realidad, la historia decide aliviar acertadamente el peso dramático de la trama y vira hacia un estilo “buddy movie” que ni en los mejores momentos de Mel Gibson y Danny Glover en Arma Letal . Ese cambio de rumbo funciona a la perfección durante el 85 % de un metraje al que le sobra el otro 15, pero en su camino sacrifica la solemnidad y profundidad que una propuesta como ésta podría haber ofrecido.

Thor: Ragnarok

Thor y su mundo son mucho más que unas cuantas batallas y aventuras intergalácticas. Es un dramón a la noruega , diferente pero trágico como todos los dramones, al fin y al cabo. En la historia del Dios del Trueno y Hela había un filón que no es explotado lo suficiente. Los conflictos familiares son la fuente de nuestra personalidad, el torno que moldea nuestras emociones y frustraciones. Ahí es donde hubiéramos tenido una trama de lo más interesante. Si yo fuera el productor les gritaría a los guionistas un ¡corred insensatos!! que tanto le gustaba decir a Gandalf..

A pesar de venderse como un reinicio da la sensación de que estamos antes un punto y aparte, y en ese caso el desenlace de esta trilogía se ha quedado un poco corto en cuanto emoción. Pero no nos engañemos, el espectáculo debe continuar y mantenerse demasiado fiel a la historia supondría limitar mucho las opciones comerciales del personaje. Es más, las conexiones y relaciones entre películas Marvel es tan intricada que se hace difícil apartarse de esa corrie nte para contar una historia independiente.

Probablemente en unos años este cierre de la trilogía sufra del mismo olvido que su antecesora, pero mientras dure habrá dejado un muy buen sabor de boca.