The Grandmaster: el homenaje de Wong Kar-wai a las artes marciales

The Grandmaster, la última película del director hongkonés Wong Kar-wai es la culminación de un sueño, la de homenajear a Ip Man, el célebre maestro de Wing Chun y considerado como el mejor maestro de artes marciales del mundo y que además fue mentor de Bruce Lee en su juventud.

Wong Kar-wai, independientemente de lo que haga el resto de su vida, pasará a la historia del cine por tres cintas que representan la cumbre de su carrera como director: Días salvajes (1990), Deseando amar (2000) y 2046 (2004), donde el amor, el deseo, el pasado y el destino se entrelazan con una poeticidad y unas imágenes tan potentes que ni él mismo va a poder escapar de ellas ya (baste recordar la fallida My blueberry Nights, casi un parodia occidentalizada de sus propias películas).

En The Grandmaster, Wong Kar-wai se adentra en el género de las artes marciales con una delicadeza poco propia del género. La figura del maestro de Kung-fu la habíamos visto anteriormente en la saga de Ip Man, pero al director no le interesa el aspecto biográfico más allá del marco temporal y la excusa que le da para narrar unas bellas escenas de acción que buscan la espectacularidad como ya hiciera Ang-Lee en Tigre y dragón (2000) y no realmente contar una historia. Quizá el problema sea ese: la historia es casi lo de menos en esta película y no acabamos de conectar con los personajes: vemos al bueno (Ip Man, interpretado correctamente por Tony Leung Chiu Wai, al malo (Ma San, interpretado por Zhang Jin) y a la chica (Gong Er, interpretada por la bella Zhang Ziyi) y casi ya nos podemos imaginar cómo va a terminar todo.

The Grandmasters

La cinta no satisfará ni a los seguidores del director hongkonés ni probablemente a los amantes de las artes marciales, ya que el híbrido que ha creado Wong Kar-wai es un monstruo difícil de digerir. En The Grandmaster tenemos los grandes temas recurrentes de toda su filmografía pero encajados en ese mundo de las artes marciales como filosofía de vida que al menos para occidente nos resulta muy ajena. Y si a eso le añadimos un montaje en demasiadas ocasiones confuso y errático nos da como resultado una película fallida, muy lejos de la obra maestra que puede ser Deseando amar. Por suerte siempre podremos volver a ver sus grandes películas y hacer como si no ha pasado nada.