The Amazing Spiderman, el cuento de nunca acabar

La primera pregunta que nos hicimos cuando vimos el primer de The Amazing Spideman fue: ¿Otra vez nos van a contar el inicio del hombre araña? Esta fue la opción que se decidió desde Sony, resetear al personaje y empezar desde cero como si las películas de Sam Raimi no existiesen. Llama la atención este «desprecio» a la anterior trilogía si tenemos en cuenta otros reinicios de personajes del mundo del cómic: Batman Begins nos contaba cómo nació Batman, algo que en realidad nunca se había contado, Superman Returns recogía al personaje tras Superman II y El Increible Hulk obviaba la versión de Ang Lee y nos contaba en sus títulos de créditos los orígenes de La Masa. También tenemos la Opción donde cambian al actor y la cuestión temporal es cuanto menos irrelevante. Por eso había curiosidad en ver cómo saltaban el escollo de que nos contasen la misma historia que hace diez años.

Visto lo visto los autores de The han decidido no comerse la cabeza y contarnos prácticamente lo mismo que en el primer Spiderman introduciendo algunas variaciones: ahora Peter Parker no es un pagafantas y está más torturado por la ausencia de sus padres, hay más instituto dentro de la historia y la chica es rubia en vez de pelirroja. El resto produce una sensación de déjà vu que hace que The  sea una película algo aburrida en ciertos momentos. Al menos a mi me resultó imposible abstraerme y verla como una unidad independiente: como pasaba con John Carter uno no puede meterse en una burbuja e ignorar que antes ha habido muchas películas terriblemente parecidas.

Si no tenemos en cuenta este hecho, The  tampoco resulta ser el gran espectáculo que nos habían prometido. Tres escasas escenas de acción para una película de dos horas y cuarto es algo claramente insuficiente y Marc Webb, director de la magistral (500) days of summer, no se muestra tampoco demasiado inspirado ni apasionado por las mismas.

Donde sí sobresale The Amazing Spiderman es en su apartado actoral capitaneado por Andrew Garfield y Emma Stone. Ambos tienen química, esa cosa tan difícil de conseguir, y componen una pareja mucho más magnética que la formada por Maguire y Dunst. Pero, desgraciadamente, la maquinaria del tedio es más fuerte que sus jóvenes espaldas y poco pueden hacer para salvar la mediocridad. Tampoco ayuda a que el malo interpretado por Rhys Ifans sea tan irrelevante y parezca que está ahí porque tiene que haber un personaje malvado.

En la última escena de la película una profesora de literatura cuenta a sus alumnos que todas las historias ya están contadas y que hay poco margen para la originalidad. La verdad es que suena a excusa para que les perdonemos que nos hayan contado lo mismo otra vez. Habrá que esperar a la inevitable segunda parte donde ya no habrán excusas que valgan y donde tocará hacer la gran película que un personaje como el hombre araña se merece.

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