Lucy, osadía y poca vergüenza

Hay directores que con la edad van perdiendo garra, amansándose y dejando de lado es ímpetu e inconsciencia que aporta la juventud. Después hay otros que con los años se radicalizan, como no queriendo perder ese halo de espontaneidad que les caracterizó en los inicios. Buen ejemplo de esto último lo tenemos en David Lynch, un director cuya última obra, Inland Empire, suponía una especie de resumen a toda una carrera, un autohomenaje sin ningún pudor. A la hora de presentar el guión de Lucy, Luc Besson dejó escrito cuales…

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