Festival de Málaga: El Efecto K. El montador de Stalin

Supongamos que la vida es como el cine, y que hay dos formas de hacer las cosas. Por las buenas o por las malas. Pues bien, El Efecto K. El montador de Stalin no ha sido hecha por ninguna de estas dos formas, está entre dos aguas, sin arrimarse a ninguna de las orillas por miedo a parecer demasiado pretenciosa o demasiado extraña. Tal vez ese sea el mayor fallo de la película,; el plantear demasiadas dudas en el espectador sobre si todo lo que estamos viendo es verdad, o por el contrario, es…

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