Slender Man, el terror de los bosques

Voy a hacer un ejercicio diferente. Voy a vestirme con la piel de un adolescente, mirar con los ojos de un crío de quince años y pensar como uno de ellos, pasado de hormonas revueltas, para comprobar si Slender Man se deja comprar o por el contrario resulta poco efectivo. El experimento quizás me ayude a verlo desde una perspectiva diferente, sabiendo que este trabajo en principio va a dirigido a un sector de público muy concreto o puede salirme muy rana.

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