Earwig y la bruja, la anti-magia de Ghibli

Si Hayao Miyazaki tuviera una fábrica de tuercas, estas serían las tuercas más cuidadas del mundo. Las más bellas, hechas a mano una a una aun costando la salud mental y física del artesano. Goro, su hijo, parece haber heredado el negocio de tuercas artesanales a regañadientes de su padre, pero decide darle una vuelta a todo: las tuercas ya no serán artesanales, las hará una máquina con supervisión humana y las dejará prácticamente como las del padre. Solo que sin carisma, alma ni nada de lo que hacía especiales…

Leer más...