Sin Salida, sin sentido y sin futuro

 

Debo reconocer que el tipillo este llamado Taylor Lautner me da entre grima y risa. No puedo evitarlo. Es verlo poner cara de preocupación y de intentar expresar un sentimiento profundo y me da la risa. Por eso cuando leí que lo habían nominado a un Razzie al peor actor me dispuse a comprobar si realmente era para tanto.

Sin Salida está dirigida por John Singleton que tiene el honor de haber sido el primer director de color (negro) en haber sido nominado al Oscar por Los Chicos del Barrio. A partir de ahí su carrera sufrió un declive alarmante que le ha llevado a esta película 20 años después. También es cierto que el hombre no parece haber demostrado un excesivo talento para mantener su filmografía libre de truños como el que nos ocupa.

Vayamos al argumento de la película en cuestión. Nathan es un adolescente que hace lo que suelen hacer todos los adolescentes: subirse en el capó de un coche en marcha, ser un borde, enamorarse de una que no le hace mucho caso y emborracharse en fiestas organizadas en mansiones con piscina para después quedarse dormido sin camiseta en el césped. Lo típico, vamos. Después cuando llega a su casa se pone a hacer kickboxing con su padre que le da una somanta de ostias tras lo que su madre los llama para comer. Para que nos quede claro que el niño es un poco conflictivo hay una secuencia en la que sale con su psiquiatra soltando un rollo en plan “no sé quién soy y qué hacer con mi vida”. Hasta aquí todo normal. Un día Nathan se pone a hacer un trabajo para el cole con su amiga y vecina de la que está enamorado y descubren una web donde aparecen niños desaparecidos. Ambos ven una foto de un niño que se parece un montón a Nathan y ya la hemos liado. La CIA se entera, unos malos también se enteran, los supuestos padres mueren asesinados y Nathan tiene que escapar con su amiga que pasaba por allí. A partir de aquí hay persecuciones, tiroteos, castos magreos y momentos supuestamente dramáticos con el fin de averiguar qué está pasando.

Los dos protagonistas Taylor Lautner y Lily Collins son más malos que pegarle a un padre. Entre que Lautner parece un koala gigante al que le cuesta trabajo moverse y que Collins tiene menos sex-appeal que una lechuga uno hasta echa de menos a la pareja protagonista de In Time. Todo se reduce a un absurdo correquetepillo donde la intención es convertir en estrellas a estos dos sujetos. Desde aquí les auguro un triste futuro en el que nadie se acordará de ellos una vez que se pase la tontería del hombre lobo y Blancanieves.