Sintiéndolo mucho

Sientiéndolo mucho, Sabina en carne viva

A estas alturas no hace falta ponderar la figura de un cineasta tan sólido y comprometido como Fernando León de Aranoa, quien desde su sorprendente primer largometraje, Familia (1995), producido por Elías Querejeta, ha desarrollado una carrera breve y cuidada, con piezas de exquisita elaboración artesanal, tanto de cine de ficción como documentales. Aún está reciente su éxito con El buen patrón, con en uno de sus papeles más brillantes. Ahora llega a la cartelera su nuevo documental, Sintiéndolo mucho.

Sintiéndolo mucho

Más allá de gustos particulares, no cabe duda de que Joaquín Sabina ha marcado una época en la canción de autor de la España democrática. Liberado de la obligación de protesta en que se situaron intérpretes desde el tardofranquismo como Paco Ibáñez, Luis Pastor, Mikel Laboa, Rosa León, Lluís Llach, Elisa Serna o Patxi Andión, la trayectoria de Sabina ha sintonizado con un público amplio tan sensible a las crónicas suburbiales de delincuencia juvenil como a maduras reflexiones sobre el desamor o a confesiones lúdicas para reírse de uno mismo. También estaba liberado a la hora de nutrirse de estilos populares de América Latina como el tango o la ranchera. Hay un parecer mayoritario de que se trata del cantante con las letras más cuidadas y creativas de las últimas décadas, verdaderos poemas con música; no en vano, además de los textos de sus discos, ha publicado varios poemarios, entre los que destacan su recopilación de sonetos Ciento volando de catorce (2001) que alcanzó una inusitada tirada, para un libro de poesía, en la célebre colección de Visor. 

Sintiéndolo mucho, la película de León de Aranoa, configura una estrategia particular de aproximación al cantante al adoptar una calculada distancia del retrato que traza. Evita la biografía y la filmación de conciertos, renuncia al mosaico de testimonios que dan cuenta del personaje y, por supuesto, a cualquier forma de culto o aplauso idolátrico. El cineasta coloca su mirada/cámara desde la posición precisa, muy cerca, pero sin arrodillarse para un contrapicado que ensalce al personaje, sin esconderse detrás de un telón para sorprenderlo desprevenido ni mirándolo por encima del hombro haciendo espectáculo de la desmitificación de una figura popular. León de Aranoa ha tardado casi quince años, lo que significa que no había un plan firme de hacer una película: más bien se trataba de seguir al artista admirado para desentrañar el secreto de su creación. 

La cámara nunca deja atrás al cantante, que aparece más tiempo en la intimidad de los camerinos, las habitaciones de hotel y el salón de su casa que en escenarios y espacios de espectáculo. Por ello mismo, no se muestran actuaciones exitosas ni baños de masas, sino que vemos a Sabina preparando la garganta —demasiado castigada por el tabaco y el alcohol— antes de actuar o luchando por conseguir el tono apropiado para un tema, con el miedo a fracasar y la fragilidad que los años acentúan. 

Sintiéndolo mucho

Así las cosas, Sintiéndolo mucho es una obra de extraordinaria verdad en el retrato de un artista que, lejos de erigirse en personaje público, aparece tal cual es: ingenioso, divertido, amigo de sus amigos, pero también excesivo en sus afectos y desafectos, con su punto descreído y «calavera». Un bohemio y provocador, hijo de comisario de policía, que se emociona al recordar a su padre cuando en su Úbeda natal le ofrecen un homenaje y él se presenta con sus contradicciones, «amante de los animales, pero taurino». Atención a la letra del tema que cierra el y le da título: una confesión de Sabina que se sabe ya mayor y, como dice en la película, en su vida ha dado un salto del joven inconsciente a quien «siempre he querido envejecer sin dignidad». 

León de Aranoa juega bien esa baza de las emociones, con el punto preciso, sin exhibicionismos, y otorga al un inesperado clímax con dos sucesos dramáticos de los que fue testigo: la cogida del torero José Tomás en Aguascalientes (México) tras haber brindado el toro a Joaquín Sabina y la caída del cantante en un concierto en Madrid con Joan Manuel Serrat en el escenario. Se podrá echar en falta mayor sistematización, análisis de expertos o imágenes de archivo, pero se trata de un perfil personal y muy libre de un cineasta que, a la postre, busca nada menos que el secreto de la creación, indagando en el interior de la lámpara del genio y en la trastienda del poeta capaz de componer temas con los que nos identificamos varias generaciones. Ahí es nada.

Sintiéndolo mucho (Fernando León de Aranoa, 2022)

Sintiéndolo mucho

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