Seminci 2021: «Mali Twist», «La peor persona del mundo», «Una historia de amor y deseo» y «El perdón»

Mali Twist (Robert Guédiguian, 2021)

A principios de los años 60, cuando Mali ganó la independencia de los colonizadores franceses, Samba, un joven revolucionario, forma parte del movimiento socialista que pretende aprovechar esta nueva libertad para hacer progresar el país. Se ve enfrentado a mucha resistencia por parte de los poblados más tradicionales y por los comerciantes, entre los cuales se encuentra su padre, cuyos beneficios se han visto afectados por la independencia y el nuevo gobierno. En medio de esta lucha, conoce a Lara, una chica en un matrimonio concertado que escapa de su marido. Ambos se enamoran, pero se ven rodeados de muchos obstáculos. 

La premisa, la ambientación y las ideas que surgen a lo largo del metraje (como el rechazo al progreso, los matrimonios concertados, la relación de África con la cultura occidental, el socialismo panafricano…) son todas interesantes y bienintencionadas, pero el tratamiento es un tanto simplista, con una visión muy blanco y negro por parte del guion. A pesar de contar con unos personajes carismáticos, cualquier matiz más complejo queda invalidado por ciertas carencias narrativas, y especialmente, por su final forzado y edulcorado. 

El título de esta nueva película del director francés Robert Guédiguian hace referencia a los clubes nocturnos en los que los jóvenes malíes van a divertirse, bailar twist y rock & roll, y vestirse a la europea. Las escenas que lo representan son coloridas y desinhibidas, muestran una generación que estaba lista para adentrarse en el futuro que no pudo ser. Un fotógrafo captura estos momentos en blanco y negro, como homenaje del director a Malick Sidibé, ya que la inspiración para ‘Mali Twist’ surgió a partir de una exposición de sus imágenes de esa época y esa juventud. Esta decisión estilística, así como la recreación de Mali en esta época concreta, especialmente en los colores, vestuario y banda sonora, son los pilares sobre los que se sostiene la cinta.


La peor persona del mundo (Joachim Trier, 2021)

Julie no encuentra su lugar en el mundo. Pasa de estudiar medicina a psicología a perseguir su interés por la fotografía. Con el mundo abierto ante ella, lleno de posibilidades, quiere probarlo todo, pero no consigue poder llegar a terminar lo que comienza. Joaquim Trier, director noruego conocido sobre todo por el oscuro thriller ‘Thelma’, dirige y co-guioniza este perfil de personaje dividido en doce capítulos, un epílogo y un prólogo sobre una mujer moderna y ambiciosa, pero imperfecta, insegura e impulsiva. El resultado es una obra absolutamente cautivadora, en parte gracias a la brillante Renate Reinsve en el papel principal, interpretación que le valió el premio a la mejor actriz en Cannes. 

Aunque nos lo indique el título, Julie no es mala persona. Julie navega sus relaciones, sus pasiones y sus decisiones con una energía desastrosa similar a la ‘Frances Ha’ de Greta Gerwig en la película de Baumbach, pero con tintes más melancólicos. Su estilo de apego evasivo, su atracción por lo desconocido y su falta de autoconocimiento la llevan a tomar una serie de decisiones que ni ella misma entiende. En uno de los capítulos, se encuentra en un evento al que ha acompañado a Aksel, su novio, y, sintiéndose incómoda, se despide y le dice que se va a casa. A continuación la vemos pasear sin rumbo, desahogándose. Se fija en una casa en la que parece haber mucho ambiente, y se cuela. Resulta ser una boda. Allí conoce a Eivind, y se atraen, pero ambos tienen pareja, y deciden ponerse a prueba. ¿Hasta dónde pueden llegar sin que sean cuernos? Comienza pues una escena romántica sin besos, sin sexo, sin apenas contacto físico, pero en la que cruzan todos los demás límites de la intimidad posibles. 

La dirección de Trier es inteligente en su uso de planos movidos y tensos, de cámara al hombro, que chocan a menudo con planos fijos, mostrando esa inestabilidad que siente la protagonista en su vida frente a cómo se ve la situación desde fuera. Otra manera en la que representa su mundo interior es durante una brillante secuencia en la que Julie toca un interruptor, y el mundo se para. Baja corriendo a la ciudad, observando a las personas congeladas en el tiempo hasta llegar a la cafetería en la que trabaja Eivind.

A pesar de su extensa duración, la estructura episódica hace maravillas para aligerar el ritmo de la película, capturando también el atributo de la protagonista de ir saltando rápidamente a través de diferentes eras en su vida, sin acabar por asentarse nunca. La película acaba sin que el arco de Julie se haya visto completado del todo. Ella sigue siendo más o menos la misma, pero no sería la misma película en caso contrario. Nuestras imperfecciones o formas de ser nos pueden poner obstáculos en la vida, causar problemas, hacernos más o menos incompatibles con otras personas, pero la película nos deja con un buen sabor de boca y un sentimiento positivo. Y ala, a seguir viviendo. 

Una historia de amor y deseo (Leyla Bouzid, 2021)

Ahmed (Sami Outalbali) y Farah (Zbeida Belhajamor) se conocen estudiando en La Sorbona. Él es de origen algeriano y ha crecido en las afueras de París, mientras que ella acaba de llegar a la ciudad desde Túnez. Él ha heredado creencias y actitudes machistas, así como una resistencia a hablar abiertamente de sexualidad, mientras que ella es una mujer abierta y liberada. En ‘Una historia de amor y deseo’, su directora Leyla Bouzid explora la autorrepresión y el despertar sexual dentro del contexto de la cultura. 

Las intenciones de Ahmed son buenas, pero tiene comportamientos que provocan malentendidos con Farah, e impulsos que chocan con su propia voluntad. Casualmente, la asignatura en la que se conocen es sobre poesía árabe medieval, la cual está llena de eroticismo. Nos encontramos con el tópico de emplear el tema de una clase para introducir la tesis principal de la película. Un clásico. En este caso es tan obvio y conecta de forma tan abierta y explícita con la trama principal que no se puede siquiera considerar un defecto. Durante una presentación oral, Ahmed explica que el poeta enamorado encuentra tanto romanticismo en la imposibilidad de consumar su amor, que cuando tiene la opción prefiere rechazar a su amada para evitarse una decepción, porque el amor vive mejor en su imaginación. Esta es claramente la forma en la que él racionaliza su propia auto-represión, su rechazo inicial de Farah, por qué se siente tan incómodo oyendo hablar a Farah y su amiga de sexo, por qué quiere proteger la reputación de su hermana…, aunque evidentemente el factor cultural juegue también un rol muy importante.

A lo largo de la película, Ahmed debe cuestionarse a sí mismo, aceptar su deseo y su despertar sexual, y conectar de una nueva forma con sus raíces. La poesía árabe funciona como vehículo para transmitir dicho deseo, junto con un tratamiento muy bello de la sensualidad y los cuerpos de los protagonistas. 


El perdón (Maryam MoghadamBehtash Sanaeeha, 2021)

Mina es una mujer viuda cuyo marido fue ejecutado. Un año después se revela que fue sentenciado injustamente. Destrozada, Mina trata de conseguir una disculpa oficial de las autoridades que cometieron el error. Poco después aparece Reza, un hombre que dice ser un antiguo amigo de su difunto marido para saldar una deuda que tenía con él, y comienza a ayudar a Mina y a su hija sorda en todo lo que puede. 

‘El perdón’, cuyo título original (‘Ballad of a White Cow’) hace referencia a un pasaje del Corán sobre el sacrificio y el perdón, sigue la tendencia del cine iraní que aborda las profundas carencias e injusticias del sistema y los problemas sociales que esto acarrea. Los directores Behtash Sanaeeha y Maryam Moghaddam, quién también interpreta a la mujer protagonista, crean una atmósfera gris y sórdida en la que incluso los pocos momentos tiernos entre madre e hija se ven de forma desoladora. Aunque esto, junto con el ritmo pausado, pueda hacer que la película se haga cuesta arriba, es coherente temáticamente al representar este aspecto tan oscuro de la sociedad iraní. 

Las autoridades con las que se comunica Mina le dicen siempre que la muerte de su marido fue “el deseo de Dios”, y que no hay nada que se pueda hacer ahora. La indemnización no puede devolver una vida, pero es todo lo que se le puede ofrecer. Además de haber perdido a un ser querido de forma injusta, se encuentra en un contexto en el que una mujer sola es tremendamente vulnerable y tiene muchas dificultades sociales y burocráticas, por lo que sus opciones son limitadas. Moghaddam es magistral en su interpretación de esta mujer, siempre contenida y sutil, pero mostrando esa impotencia, esa frustración, ese miedo. ‘El perdón’ no es un visionado fácil, pero hay mucho que destacar en su cualidad como tragedia y como crítica social e institucional. 

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