¿Qué hacemos con Maisie?, el divorcio desde el punto de vista de una niña

A veces las relaciones acaban mal y una separación temporal o un divorcio es la única manera de solucionar esta situación. Y en algunas ocasiones hay hijos pequeños de por medio. Este es el punto de partida de la película ¿Qué hacemos con Maisie? donde la adorable Maisie de seis años se ve en medio del divorcio de sus padres.

La historia que vemos ahora de la mano del doblete de directores Scott McGehee y David Siegel  es la actualización de la novela de Henry James Lo que Maisie sabía (What Maisie Know?) que en palabras de Borges es “una horrible historia de adulterio narrada a través de los ojos de una niña que no está capacitada para entenderla”. En la novela el punto de vista es siempre el de la pequeña Maisie y por ello nosotros solo conoceremos aquello que Maisie vea y escuche, aunque por desgracia en la película ese efecto del punto de vista no se consigue a la perfección.

Así veremos en la gran pantalla las idas y venidas de Maisie (interpretada por una Onata Aprile a la que tendremos que seguir muy de cerca la pista) entre una ex estrella del rock que quiere relanzar su carrera (interpretada por una muy convincente Julianna Moore) y un padre (Steve Coogan) que ve cómo sus negocios relacionados con el arte cada vez le obligan a pasar más tiempo fuera de la ciudad. Maisie tendrá dos habitaciones y todos los juguetes que un niño pudiera soñar pero no el tiempo y la dedicación de unos padres más preocupados por su trabajo y en discutir entre ellos que en decidir qué es lo mejor para la pequeña.

¿Qué hacemos con Maisie?

¿Qué hacemos con Maisie? es una cinta que señala de forma muy dura el ombliguismo de la sociedad actual, en la que a veces únicamente nos preocupamos por lo que mejor nos viene a nosotros y en ocasiones no somos capaces de ponernos en la piel de nuestros seres más queridos. La película es un entretenido drama indie (aunque quizá con un final demasiado edulcorado y predecible) que supone un interesante punto de vista en el subgénero de las separaciones de pareja por apuntar no al drama personal de los cónyuges sino al de los hijos que siempre se quedan atrapados en el medio.