Prince Avalanche, el remake innecesario

Tenemos un problema con el cine indie americano, lo que una vez fue renovar el cine, ahora se ha transformado en una manera tediosa y aburrida de ver las cosas.

Es el caso de Prince Avalanche, que a priori lo tiene todo para ser una buena película, lo pierde una y otra vez a base de situaciones absurdas cercanas a la enajenación mental y planos excesivamente largos que no llevan a ningún lado. Dirigida por , causante de cosas como Cuesta abajo y sin frenos y Superfumados (no os dejéis engañar por la calidad de sus nombres), se ve ahogado por no ser capaz de controlar a dos actores en un espacio vacío y parece ser que a menos elementos en un espacio, más grande le viene la situación.

Prince Avalanche

Pero claro, cuando uno espera mucho de una película que tiene en nómina a , puede pasar esto. Que su tedioso visionado y sus casi 80 minutos de duración se transformen en una sesión privada vintage y moderna de Guantánamo. ¿Qué sentido tiene hacer una película sobre algo que se puede resolver en un ? ¿O incluso un sketch? Ese es sin duda el gran problema de ‘Prince Avalanche’, que un remake de una película islandesa (Á annan veg) de la que nunca oiremos hablar.

Y es que estamos cayendo una y otra vez en los mismos fallos.  ¿Acaso por ver a dos inadaptados rarunos tenemos que alabar una película?, ¿o porque tenga una fotografía cercana a las nuevas técnicas que tanto daño están haciendo a nuestras adolescentes, tiene ya que ser una ?

En definitiva, este enfrentamiento de un cambio generacional que en realidad no va de nada es imposible de creer y aguantar por todo lo arriba mencionado, y añadiendo una mala elección de casting, ya que esa diferencia de edad está ausente, puesto que tanto Rudd como Emile Hirsch son dos actores perfectos para encarnar a adolescentes o adultos que no han sabido crecer y no a dos inadaptados que sólo buscan el amor.