Predestination, los peligros del relato escrito

Predestination pretende ser una nueva tuerca al concepto de los viajes en el tiempo, mezclando, como no puede ser menos, algún que otro concepto ya usado en la ciencia ficción, las paradojas temporales, así como unas grandes dosis de conflicto dramático. Como suele ser habitual en estas cintas, cuanto menos se sepa sobre los giros de su guión más podremos disfrutar de ella. Aunque tampoco es que vayamos a caernos al suelo de la impresión porque muchas de las sorpresas se ven venir a la legua debido a un problema en el trasvase de la letra escrita al material filmado.

Los directores Michael Spierig y Peter Spierig basan la historia de Predestination  en el relato corto de Robert A. Heinlein, —All You Zombies—, que ya contiene todas las claves para las paradojas que vendrán. El principal inconveniente es que todas las sorpresas y giros que funcionan perfectamente en el relato de Heinlein tienen una compleja traslación a la pantalla. Hurtarnos la apariencia, por ejemplo, de un personaje es bien fácil en un relato escrito, pero en el cine el componente visual intrínseco juega muy malas pasadas, es decir, cuando no le vemos la cara a un personaje ya sospechamos que algo no nos están contando (véase El truco final). De este modo, Predestination nos oculta en muchos momentos esta información acerca de diversos personajes, hecho esto que hará que nosotros como espectadores sospechemos que algo raro pasa con ese personaje al que se esfuerzan en no mostrarnos.

Predestination

Está claro que la historia que quieren contar los hermanos de Spierig es la de Jane, verdadera protagonista de la película en la primera hora. Al centrarse en el personaje femenino de la trama, Ethan Hawke, al que nos venden como lead man, no deja de ser un secundario de lujo que en los minutos finales toma las riendas. El problema aquí no es que Hawke no sea el protagonista, sino que la historia de Jane solo se hace interesante a raíz de una revelación sorprendente que le da sentido a lo que nos están contando. Pero los Spierig usan una hora de metraje para esto y, por el camino, bostezamos inevitablemente un poquito.

Obviamente, lo bueno viene en la media hora final, cuando Predestination se suelta la melena de las paradojas y nos empieza a dejar a cuadros con sus locos planteamientos y sus reflexiones acerca del huevo y la gallina. Y uno desea que todo hubiese sido así y hubiesen resuelto la historia de la especial Jane, una magnífica Sarah Snook, en menos tiempo.

Predestination

Los amantes de las películas de paradojas temporales disfrutarán sin duda con la alambicada construcción de Predestination, fruto de la historia original de Heinlein, pero sufrirán con la traslación a la pantalla que han hecho los Spierig. Un poco más de riesgo e imaginación hubiesen hecho falta. Así como unos cuantos menos de minutos.