Paradise Hills, la potencia sin control no sirve de nada

Pasar de guionizar Gran Hermano a hacer cine en EEUU pasando por los Óscar y haciendo lo que te ha dado la gana siempre en menos de dos décadas no es fácil. Pero Nacho Vigalondo ha hecho que lo parezca. Quizá es que en redes sociales no desdeña ser un tuitero más, que en persona no quiere dejar a nadie sin saludar o que su show de comentar películas malas –que, ahora lo sabemos, bebía de Mistery Science Theater 3000 más de lo que pensábamos- fuera tan ecléctico. La cosa es que si una película tiene el nombre de Nacho por el medio, uno sabe que está a punto de vivir una experiencia, como poco, diferente.

Paradise Hills

Paradise Hills es la primera película que Nacho Vigalondo guioniza sin que esté destinado a dirigirla. Este honor recae en Alice Waddington, que, pese a su nombre, es una bilbaína que estudió en la misma universidad que yo pero seis años después. Ella acaba de dirigir Paradise Hills, yo estoy escribiendo su crítica y replanteándome mi vida. Tras trabajar con Carlos Vermut o Norberto Ramos del Val (en la infame Faraday), consiguió la confianza suficiente con su maravilloso corto Disco Inferno como para poder rodar esta Paradise Hills con algunas de las estrellas más rutilantes del momento. Voy a lamer mis heridas y ahora vengo.

Pasar de dirigir un corto con Aitana Sánchez-Gijón a convencer a Emma Roberts, Milla Jovovich y Awkwafina de que tienen que salir en tu película de ciencia-ficción es un paso de gigante que no todo el mundo podría dar. Y, sin embargo, Alice lo hizo. Paradise Hills sería interesante ya solo con esta meta-historia, pero es que además consigue algo muy complicado: dotar de belleza especial y única a una película que, en otras manos, podría haber sido excesivamente tétrica

Si algo tiene bueno Paradise Hills es que ha encontrado su lugar, su punto perfecto, el balance entre lo creepy y lo bonito. Sus decorados, el diseño de vestuario e incluso la forma de rodar están pensados hasta el último detalle para que, como espectador, sepas desde el primer minuto que detrás de todo este lujo y oropel se esconde un secreto. El arte de la película es francamente fascinante. 

Paradise Hills

El problema es que el guión (y tened en cuenta lo mucho que me duele decir esto) se encarga de reiterar lo mismo una y otra vez y desde los primeros compases del film, de manera que no deja lugar a que el espectador vaya descubriendo lo que ocurre por sí mismo. Al empezar, Uma ya está recelosa de estar allí y explica los motivos a todo el que quiera escucharla, desdeñando cualquier tipo de ambigüedad en la trama. Habría sido mucho más interesante si estas dudas se revelaran como primer punto de giro, haciendo que el espectador dude al ver lo que está ocurriendo, en lugar de hacer que un personaje lo verbalice de forma continua. 

Paradise Hills peca de repetitiva, sí, pero también de no saber dar una resolución a la altura. Cuando el misterio se plantea, al fin, uno espera mucho más, no solo por cómo está contado hasta ese momento, sino por las manos que están tras el guión. Es normal esperar un giro de 180 grados, una locura, una explosión de ideas novedosas. Lo que queda es algo que ya hemos visto antes y que, en el fondo, llevábamos esperando desde el inicio del filme. Es una pena que se caiga en estos lugares comunes en lugar de arriesgarse a dar un salto de fé. 

Dentro de su originalidad, Paradise Hills es una película conservadora (no políticamente, sino en cuanto a la continuación de los argumentos clásicos), pero no hay que olvidar que se trata de una ópera prima y, como tal, ofrece a Waddington un punto de salida que no podría ser más interesante. Al menos, eso sí, deja para el recuerdo un diseño realmente único y unas actrices que parecen absolutamente entregadas a la película: creen en ella más de lo que la propia película cree en sí misma.

Paradise Hills

Paradise Hills es una película eminentemente femenina (y feminista), una corriente que siempre estuvo allí pero a la que –¡por fin!- se está dando la importancia que merece, tanto dentro como fuera del cine de género. Hace unos años, Paradise Hills hubiera sido muy diferente a lo que es, y lo único que podemos hacer es congraciarnos de estar viviendo este momento cinematográfico. Aunque los guiones no estén a la altura y los finales se queden a medias, merece la pena por ver la energía y las historias que personas como Alice Waddington pueden contarnos. 

Se podía esperar un poco más de Paradise Hills, pero entretiene, está bien actuada y deslumbra visualmente. O quizá es que estudié en la misma universidad que Alice y Nacho y aquí estoy, diciendo que su película no es suficiente mientras él prepara mil proyectos y ella ya preproduce Scarlet para estrenarla en 2021. Quién sabe: dicen que la labor del crítico es una labor basada en la envidia, ¿no?