Ons, la lucha con la naturaleza

Ons, una modesta película gallega consigue plenamente darle entidad estética al espacio y a la naturaleza en el seno del relato dramático. No es fácil ir más allá de los tópicos —como ese de que en los entierros de las películas norteamericanas siempre llueve, o de que se vincule el verano a la fiesta y los placeres sensuales— y lograr que el espacio físico adquiera protagonismo y se convierta en un entorno que determina los movimientos de los personajes o los sucesos de la historia; más difícil resulta que el lugar cobre vida porque cambia con el sol o las nubes, el invierno o el estío, la marejada o la lluvia. Esa presencia física de la naturaleza —a ratos complaciente, otros amenazante— no solo interactúa con los personajes sino que muestra su fragilidad y volubilidad, y llega a revelar la verdad profunda de que los seres humanos somos criaturas a merced de esa naturaleza que puede llevarnos de la felicidad al infierno.

Ons (Alfonso Zarauza, 2020)

El director santiagués viene de hacer una película muy distinta, el drama social no exento de humor ni de crítica radical, Os fenómenos (2014). Aquí también hace de la necesidad virtud al poner en pie una dramaturgia de pocos personajes y espacios, casi como una obra de cámara. Junta en la isla de Ons, donde se abre a la mar la ría de Pontevedra, a Mariña y Vicente, la pareja formada por una traductora y un médico, llegados de Barcelona para un verano reparador, con la hermana de ella, Isabel, que es la farera, su marido Antón, que trabaja como guarda del parque natural, y la hija de ambos, Valentina. 

Agotados los plácidos días soleados, la isla queda sin transporte; Vicente convence a Mariña para quedarse un tiempo más, pues él sufre depresión y se encuentra a gusto en ese aislamiento. Mariña accede, aunque se siente insegura en la relación sentimental. Pasa el tiempo, llegan los temporales de otoño y un buen día aparece en la playa, semiinconsciente, una joven rubia. La cuidan, aunque pronto Marina la percibe como una amenaza.    

La sustancia argumental de Ons es relativamente secundaria respecto a los personajes, acertadamente abocetados con algunos rasgos y muchos silencios. No todo se puede decir porque no todo se puede saber, menos aún cuando se trata de los sentimientos que enturbian la mente y los personajes pugnan por clarificar para encontrar la paz. En Ons coexisten los nativos —Isabel cuidando del faro, inevitable símbolo de referencia para las singladuras erradas; Golobardas molesto por las restricciones legales del parque nacional— el vecino llegado voluntariamente (Antón) y los visitantes y náufragos (Mariña, Vicente y Creba): cada uno percibe el territorio separado del continente de una forma. El aislamiento puede ser refugio donde alejar los fantasmas del pasado o adonde se llega arrojado por una marea afortunada; pero la isla puede ser también encierro, insoportable enclaustramiento porque los seres humanos están a merced de los temporales y de un clima enloquecedor.

Ons (Alfonso Zarauza, 2020)

El desarrollo dramático no es brillante ni busca gratificar al espectador proporcionándole moralejas. Más bien opta por el apunte, el trazo a vuelapluma de personajes y situaciones abiertos a la interpretación y, en cierta forma, tan caprichosos como que un día llueva y al siguiente luzca el sol. Lo importante en la experiencia estética que ha de proporcionar una película es esa visión del mundo donde el ser humano es radicalmente frágil y aislado, inseguro en sus sentimientos y sospechoso ante los ajenos, en búsqueda constante luchando en una Naturaleza, frecuentemente hostil, que lo convierte en marioneta. Aunque a veces te salve la vida y te arroje en una playa donde serás cuidado por unas manos generosas.   

Ons (Alfonso Zarauza, 2020)

Ons (Alfonso Zarauza, 2020)