Nop

¡Nop!, bajo la mirada de Peele

“¿Qué es un mal milagro?” Se pregunta en cierto momento de la película el personaje de Daniel Kaluuya, mientras reflexiona sobre lo incomprensibles, absurdas y complejas que resultan algunas de las desgracias a las que asistimos a lo largo de nuestra vida. Un mal milagro. La fatalidad que a veces habita en lo extraordinario. No hay un término concreto que lo defina, y sin embargo, todo el mundo conoce esa sensación. De hecho, pocas veces nos paramos a pensar en ello, como si un mecanismo de defensa instalado en lo más profundo de nuestra psique nos protegiese del horror de enfrentarnos a nuestra falta absoluta de control. Jordan Peele estrena ¡Nop! (2022) su tercera película como director y guionista, y aborda esta y otras cuestiones aprovechando las posibilidades que ofrece el género fantástico, al que parece haber llegado destinado a hacer grandes cosas.

Nop

Cuanto menos sepamos como espectadores sobre el argumento de ¡Nop! , más disfrutaremos su experiencia, un viaje a través del terror y la ciencia ficción rodado con mucho estilo, que luce la habilidad de su director para establecer atmósferas espeluznantes, gestionar la tensión en perfecto equilibrio con la construcción de sustos y componer imágenes sugestivas y sonidos inquietantes. Sí puedo destacar que, como en sus dos anteriores trabajos, Jordan Peele arranca su película a través de un doble prólogo digno de La dimensión desconocida, que establece el tono del relato, introduce sus ideas clave y desconcierta al espectador fragmentando la narrativa en torno a un aterrador relato enmarcado, un mal milagro protagonizado por un chimpancé llamado Gordy.

Jordan Peele asume con audacia la condición de blockbuster que posee su nueva película, ¡Nop!, una especie de western que abraza con emoción lo extraño y lo surrealista. Con un mayor presupuesto y una escala cinematográfica más ambiciosa que en sus dos anteriores películas, Peele aborda una historia sobre avistamientos de ovnis que juega con las expectativas del espectador para hablar de la incapacidad que hemos ido adquiriendo para dejarnos sorprender por lo fantástico. Para ello, se ampara en dos figuras mayúsculas del género como Spielberg (Encuentros en la tercera fase, 1977) y Shyamalan (Señales, 2002) a los que emula de la mejor manera posible, tomando prestada la esencia fantástica de sus relatos de ficción extraterrestre para traer de vuelta un tipo de cine que parecía haberse quedado olvidado, o peor aún, para algunos había dejado de ser necesario o rentable. Lejos de explotar la nostalgia, la película salvaguarda la importancia del cine espectáculo, abordando el mismo como un bien preciado cada vez más escaso y complejo de encontrar entre los estrenos de cada fin de semana.

¡Nop!

Lanzado a revolucionar el género, Jordan Peele concibe el cine como el recipiente donde pervive lo fantástico. No pretende domarlo, sino aprehenderlo. Devolverle su condición de espectáculo mayúsculo. Y a través de él reflexionar sobre una desacomplejada amalgama de ideas que van desde lo social a lo político, de lo metafísico a lo artístico: no tenemos el control absoluto de las cosas y no por ello pasa nada malo ni somos peores personas; no podemos apropiarnos de lo que no nos pertenece ni domar lo que por naturaleza es salvaje; no tenemos que comprender lo que no tiene sentido, sino aceptarlo, ser conscientes de que nuestra realidad es extraña y permutable, maravillosa y aterradora; y, sobre todo, debemos ser exigentes y pensar que no, que “la toma imposible” no existe. Directores de cine como Jordan Peele, comprometidos con dignificar el cine como arte y espectáculo, están empeñados en demostrarlo.

¡Nop! (Jordan Peele, 2022) ⭐️⭐️⭐️⭐️

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