National Gallery, en busca de lo sublime

Cualquiera que haya visitado la National Gallery londinense sabe de lo inabarcable de su patrimonio, imposible de disfrutar con detenimiento en una sola visita. Para el que no haya tenido la suerte de ir, o no haya empleado más de unas efímeras horas en aprovechar el viaje, llega a nuestras pantallas el documental National Gallery del veterano director Frederick Wiseman.

National Gallery realiza un pausado viaje a las entrañas del museo londinense intentando abarcar todas las facetas posibles: desde lo administrativo a lo artístico, Wiseman desvela las entrañas y los mecanismos necesarios para que una institución tan compleja salga adelante. De este modo, asistimos a una reveladora reunión de las máximas autoridades del museo donde veremos como el marketing  a toda costa se enfrenta a la idea del museo como institución a la que el público debe acercarse, y no a la inversa; presenciaremos como el proceso de restauración y limpieza de una pintura tiene tanto de trabajo manual como de proceso intelectual; veremos los cuadros de manos de sus guías y equipos pedagógicos, y aprenderemos cómo éstos modulan su discurso adaptándolo a sus visitantes; y así hasta inspeccionar todos los recovecos de la pinacoteca londinense.

National Gallery Wiseman

Wiseman posa su cámara en cada uno de los instantes de National Gallery con la paciencia de un entomólogo que espera que algo fascinante ocurra: pero la fascinación está en la espera, en el disfrute de ver la vida de un museo ocurriendo ante nuestros ojos. Y, por supuesto, también está el arte sobre el que se reflexiona desde diferentes puntos de vista, pero siempre con la mirada no dogmática ni intrusiva de Wiseman, que nos lanza ideas, muchas de ellas en proceso de desarrollo y la mayoría sin concluir, en boca de expertos y críticos.

Tras las tres horas de tranquila visita que propone Frederick Wiseman en National Gallery, a uno le entran ganas de ir a Londres y pasear por el museo. Pero no porque National Gallery sea un publirreportaje, nada más lejos, sino por el amor hacia las obras de arte que Wiseman aporta en cada plano. Una película imprescindible para todo aquel que busque lo sublime y tenga paciencia para encontrarlo.