Moneyball, lo que importa son los resultados

 

Moneyball no es una película sobre Baseball, no es una película sobre el juego, o sobre los fundamentos del mismo, ni siquiera es una película sobre el deporte, basada en hechos reales, nos cuenta la historia de Billy Beane (Brad Pitt) y Peter Brand (Jonah Hill) dos de las personas más importantes en el mundo de Baseball de la última decada, figuras comparables a Mikey Mantel o Babe Ruth, aunque estos eran jugadores, y los protagonistas de esta película no, son meros gestores de una franquicia deportiva que, en un arcaico y rudimentario entramado , diseñado para beneficiar solo a los equipos con mayor poder económico, deciden plantarle cara, a su manera, jugando con un sistema estadístico al que ellos dan una nueva interpretación.

Billy Bane es un ex jugador, o deberíamos decir, un jugador fracasado, que fue dando tumbos por diferentes equipos hasta que renuncio a su carrera para dedicarse a ser ojeador. Un hombre roto que ha fracasado en todos los aspectos de su vida, en su matrimonio, en su carrera deportiva, e incluso, siente que fracasa cuando cada año recluta grandes jugadores, que acaban transformándose en estrellas en equipos más adinerados. Eso es exactamente lo que nos trasmite la película, la visceralidad con la que Billy siente que todo lo que le rodea es fracaso y decepción.

Todo lo que no tiene relación con la epifanía del protagonista es secundario, incluso la relación con una hija que mantiene más atención hacia su padre de la que este nunca le mostro a ella. Su descompuesta, más bien inexistente vida personal, todo es secundario, que sin perderse en excesivas explicaciones sobre el sistema diseñado por Peter Brand, porque no es una película sobre Baseball, o sobre métodos matemáticos. Es una película que nos habla de que no importa si juegas de una forma u otra, siempre que obtengas resultados, y que no existe un camino único para conseguirlos.

Me encantó la ambientación de la película, destacando sobre todo en los pequeños detalles como ordenadores, los coches utilizados y lo que más llamó mi atención, los teléfonos móviles, un trabajo muy minucioso y con un tremendo resultado.

Lo mejor: La interpretación de Brad Pitt, que sigue en su línea brillante, esta enorme, y despliega todas sus facetas interpretativas, y al tratarse de casi un monologo suyo en pantalla, engrandece aún más la película.

Lo peor: La elección de Jonah Hill como coprotagonista, no me parece mal actor, más bien al contrario, pero en un personaje como este, su cara no deja de recordarme al que interpretaba en Supersalidos, o al que interpreto en Hazme reír. También la aparición en el reparto de Philip Seymour Hoffman en un papel sin relevancia interpretativa, y que no está a su altura.

Como tontería anecdótica, tras 86 años sin conseguir un título, en el año 2004 los Red Sox de Boston ganan las series mundiales, usando como método de gestión ideado por Beane y Brand. Tanto la Leyenda de Bambino, como la imposibilidad de romperla son referencias recurrentes en LOST.

 

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