Mission: Impossible – Protocolo Fantasma, la disfuncional familia de Bird

 

volvió a dar la campanada a la hora de elegir director para la cuarta de las peripecias de Ethan Hunt. Brad Bird venía de ganar dos Oscars por Los increibles y Ratatouille y llevaba varios años dándole vueltas a un proyecto en acción real sobre el terremoto de Chicago de 1906. Esta historia sigue en marcha pero debido a su alto coste ningún estudio se ha animado todavía a darle la luz verde. Bird ha visto la oportunidad de realizar con esta Mission: Impossible – Protocolo Fantasma su primera cinta con personitas reales y demostrar que es algo más que un director de dibujitos.

Podríamos decir que Mission: Impossible – Protocolo Fantasma es la menos personal de todas las películas que ha dirigido Bird y la también la menos personal de la saga. Por una parte, hay que mencionar que Bird siempre ha sido guionista de sus propias obras, aquí no. Cruise, asociado con J.J. Abrams, tira de la experiencia de dos de los guionistas de Alias y componen un guión más propio de un serial que de una cinta con entidad independiente. Por otra parte, a Bird le falta ese punto de personalidad tan marcado que tienen De Palma, Woo y Abrams. Esto no es bueno ni malo pero le resta un poco de carisma al conjunto. El retrato de la especie de disfuncional que forman los deshauciados agentes del MIF puede ser el único punto de contacto con la anterior filmografía de Bird, pero reconozco que tal vez es hilar muy fino y buscarle tres pies al gato.

Brad Bird cumple con suficiente profesionalidad el trámite ofreciendo una película muy entretenida y espectacular como se espera de él. Pasa con sobresaliente las escenas de acción, persecuciones e intriga y maneja con soltura el componente humano de la historia. Cruise, al que se le notan los años, ejerce de figura paternal ante unos jóvenes agentes que no saben para donde tirar y tienen que creer ciegamente al cansado y veterano Hunt. Jeremy Renner aporta el contrapunto perfecto de dureza y sensibilidad, Simon Pegg da una nota cómica que se agradece y que estaba practicamente ausente en el resto de la saga y Paula Patton hace lo que puede con un personaje al que intentan darles unos traumas y un trasfondo que a veces está un poco forzado.

Impresionante en su uso del IMAX Mission: Impossible – Protocolo Fantasma da lo que se espera de ella, ni más ni menos: dos horas de buen cine espectáculo del que tampoco hace falta desconectar las neuronas. Quizás uno esperaba un algo más de Brad Bird pero quizás eso sea culpa mía.

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