Mi crimen de François Ozon

Mi crimen, entretenido misterio teatral

Con la considerable velocidad de crucero de una película al año, François Ozon estrena su última pieza Mi crimen a los pocos meses de Peter von Kant, ambas basadas en obras de teatro. Y es el que el cineasta francés ha demostrado su habilidad y notable destreza para llevar al cine textos teatrales, como, entre otras, revela la estupenda En la casa (2012) que adaptaba la aplaudida obra “El chico de la última fila” de Juan Mayorga. Un caso realmente excepcional en que un cineasta francés se inspira en un dramaturgo español.

Mi crimen de François Ozon

La otra destreza de Ozon es filmar historias con protagonismo de mujeres, lo que también sucede con Mi crimen. Presiento que tanto en este caso como en el de la pieza de Mayorga, las películas resultantes enriquecen y engrandecen las obras para la escena en que se basan, contrariamente a lo que suele ser habitual. 

La comedia de enredo gana mucho por los espléndidos intérpretes, con auténticos monstruos de la escena (Fabrice Luchini, Isabelle Huppert, Dany Boon, André Dussollier) en papeles secundarios, y una ambientación en los años treinta que permite una aparentemente contradictoria mitificación de la época y distancia irónica, con ese momento de cambio social con los fascismos en alza y el preludio de las guerras, y la arquitectura, decorados y vestuario art-déco que resultan fascinantes para el espectador. 

En Mi crimen, la condición de actriz de la protagonista y las situaciones sainetescas llevan a una distancia que no es incompatible con cierta crónica de la época, con la caricatura del sistema judicial y de los matrimonios de conveniencia, así como la penosa supervivencia de las mujeres jóvenes, carne de cañón para los varones poderosos. Se puede reprochar el carácter estereotipado de los personajes, pero ello es habitual en este tipo de comedia.  

Los abusos a las mujeres y los conflictos derivados de una época de patriarcado evidente se ponen de relieve con una mirada actual no exenta de ironía y gracia. Más aún: la ambigüedad en la narración del crimen que una asesina absuelta y una inocente reivindican es magistral al llevar su resolución a la ficción teatral en la escena conclusiva. Ozon no cae en el anacronismo de aplicar las convicciones actuales a los años 30, lo que hay que aplaudir, teniendo en cuenta que la obra de teatro original es de 1934. No obstante, en su actualización las dos jóvenes protagonistas son más fuertes que los varones que tratan de manipularlas aunque, para evitar el maniqueísmo en estas cuestiones, aparece el personaje de Huppert como la resabiada dama dispuesta a retorcer toda realidad para acomodarla a sus intereses.

Mi crimen de François Ozon

François Ozon consigue un guion con varias vueltas de tuercas, divertido y con ritmo. Los relatos personales narrados en blanco y negro y formato 1:1.33 le dan gracia. Seguramente un análisis detallado revelará incongruencias o deficiencias en detalles; de hecho, el espléndido giro con la aparición del personaje de Isabelle Huppert llega un poco tarde, pero lo cierto es que la pieza es entretenida y se disfruta, como ha ratificado la taquilla en Francia.

Mi crimen (François Ozon, 2023) ⭐️⭐️⭐️½

Mi crimen de François Ozon

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