Marvel's Iron Fist

Marvel’s Iron Fist, peñazo de hierro

En somos muy de ‘patatitas’, de filosofía barata zen y de grandes dilemas morales. Porque aquí nos gusta mucho lo que viene siendo todo ‘el tema ese de oriente’. Por eso, cuando Iron Fist, el cuarto superhéroe urbano de la Marvel, se estrenó, nos entregamos a cuerpo y alma a ver el viaje personal hasta el cúlmen heroico de Danny Rand, interpretado por un escuálido Finn Jones.

Marvel's Iron Fist

Para aquellos que no conozcan – entre los que me encontraba, ya que solo había leído un par de apariciones suyas durante el Daredevil de Bendis y Maleev- es la respuesta occidental y en cómic, al boom cinematográfico del cine de que tuvo lugar en los 70, algo que surgió en tras sacar aquel Bruce Lee de Hacendado que era Shang Chi: maestro del Kung- Fu.

Pero volvamos a lo que hemos venido. Marvel y Netflix. La comunión perfecta que ya ha demostrado con anterioridad que podía funcionar, con mejor o peor acierto, convirtiéndose en una alternativa segura y entretenida al cine superheróico que copa el cine cada vez que aprieta el sol. ¿Qué podía salir mal? ¿Acaso iba a ser diferente? Se recuperaron elementos ya vistos en otra serie de la casa, Daredevil, repescando a aquellos ninjas extraños llamados La Mano. Nada podía salir mal. Es Netflix. Y Marvel. Las dos. Un tándem implacable.

Pues todo salió mal. es la peor serie que ha sacado adelante Netflix, con una falta de ritmo brutal y conversaciones vacías que hacen que te pierdas una y otra vez en la luz de tu teléfono móvil para ver la nueva notificación que te ha llegado. La trama se enrevesa a medida que avanza la temporada, y por si fuera poco, la aparición y desaparición de personajes, con su consecuente extraño cambio de rol, hace el despropósito continuo sin que nadie pueda evitarlo.

Marvel's Iron Fist

Pero nadie dijo que una serie de acción – al menos eso es lo que se puede esperar de un personaje que se supone experto en artes marciales- debía tener buenos diálogos y buenas tramas. Pero no nos quedan ni las peleas – se escribe él mismo, para intentar animarse y no pensar en todo el tiempo perdido- perpetradas por estupendos dobles, que nos hacen recordar una y otra vez a aquel especialista con peluca blanca que hacía de Hannibal Smith en El Equipo A. Ese que se notaba que no era el propio actor. Así está el nivel. Por suerte, alguien tuvo la genial idea de coreografiar la mayoría de estos atentados en callejones oscuros, para que todo sea menos visible y más urbano.

Y así podría seguir hasta la extenuación, pero no merece la pena seguir adelante – no voy a nombrar que todo esté rodado en los mismos seis decorados, convirtiendo todo en un episodio de La que se avecina– ya que hablar mal de algo, nunca hizo bien a nadie.

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