Marvel, del papel a la pantalla: El Capitán América (1990)

Cuando uno se enfrenta a una película como este Capitán América es hasta divertido leer todo lo que rodeó a su producción y los personajes que estuvieron involucrados en ella. Toda una suma de despropósitos cuando vemos los nombres de los tipos que decidieron meterle mano al pobre capitán.

Empecemos por la historia. En primer lugar al guionista se le ocurrió cambiar la nacionalidad del malvado Cráneo Rojo y hacerlo italiano. Que vale que también era fascista durante la II Guerra Mundial pero en ningún momento queda claro el por qué de este cambio. Pues ya tenemos ridículo acento italiano para el malo y todos sus secuaces. Esto hace que parezcan mafiosos de la camorra. Después, pasados los años, el Cráneo Rojo se somete a una operación de cirugía estética y deja de ser rojo. ¿Por qué? Porque sí. Por su parte, Steve Rogers sigue su curso habitual: de soldado escuálido (aquí deciden que padece la polio) pasa a ser El Capitán América por obra y gracia de un suero milagroso. En su primer encuentro con el Cráneo éste lo ata a un cohete y lo manda a tomar viento, no sin antes pasar como un rayo por al lado de la casa de un niño que, oh sorpresa, décadas después se convertiría en el Presidente de los Estados Unidos. El despropósito sigue con el despertar del pobre Steve que va a visitar a su novia que obviamente ha envejecido mucho pero al él no le importa y se queda con la nieta que está de buen ver. De mientras, el Cráneo Rojo, que ya no es rojo, secuestra al Presidente de los Estados Unidos, que era aquel niño que vio pasar al capi al lado de su ventana. Y Steve tendrá que retomar su disfraz de Capitán América y rescatar al Presidente.

Si vemos quién anda detrás de la película empezamos a entender muchas cosas. Su productor es Menahem Golam, un israelí que se hizo de oro en los años 80 con películas de Stallone (Cobra, el brazo fuerte de la ley, Yo, el halcón), Chuck Norris (Invasión USA, Delta Force), Van Damme (Cyborg, Contacto sangriento) y Richard Chamberlain (Allan Quatermain y la ciudad perdida del oroLas minas del rey Salomón). Además cuenta en su honor con haber sepultado la carrera cinematográfica de Superman (Superman IV: En busca de la paz), intentado llevar a la vida a los Masters del universo e incluso hacer una película sobre un baile guarrete (Lambada, el baile prohibido). Más de 200 títulos jalonan la filmografía de este señor que acuñó una frase que le definía al 100% : “Si haces una película americana con un comienzo, un desarrollo y un final, con un presupuesto de menos de cinco millones de dólares, tiene que ser un idiota para perder dinero.” Con esto creo que queda claro que lo suyo no era el Arte del Cine sino hacer la película gastando lo menos posible. Menahem contrató a Albert Pyun, uno de sus secuaces que lo mismo dirigía una de Van Damme que una cutre adaptación de Viaje al centro de la Tierra.

Esta panda de cutres, porque otro nombre no tienen, quisieron contratar a Dolph Lundgren y a Arnold Schwarzenegger para el papel. El primero estaba rodando Punisher y el segundo fue descartado por su fuerte acento. Finalmente, el papel fue a parar a Matt Sallinger, hijo del autor de la novela El Guardián entre el Centeno J.D. Sallinger que seguro que se hundió más en su miseria al ver a su hijo en semejante truño. El cutrerío fue tal que hasta con las orejas del protagonista tuvieron problemas: como al director no le gustaba cómo le quedaba a Sallinger el gorro con las alitas decidió ponerle unas orejas de plástico encima de las suyas, lo que canta la traviata en ciertos momentos que es un gusto.

No me extiendo más que bastante palabras he empleado en algo que tampoco merece tanto la pena.