Loving Vincent

Loving Vincent, tecnología vangohniana para contar su propia historia

Más que en el resultado como pieza cinematográfica, probablemente el verdadero valor de este proyecto tan especial de Breakthru Productions (ganadores del por el cortometraje Peter and the Wolf), subyaga bajo la increíble labor de los más de cien artistas que reprodujeron al óleo cada uno de los frames de las escenas rodadas con actores y actrices en escenarios extraídos de la extensísima (y concentrada) obra del artista Vincent Van Gogh. No sólo por lo meticuloso y delicado del trabajo artístico, sino también porque sus creadores hayan sido capaces de dar con el gran acierto que resulta contar la historia de Van Gogh de este modo, pues su incansable y numerosísima producción artística cuenta con muchos factores casuales que hacen de ella una especie de autobiografía textual y gráfica, en la que Vincent también contaba historias sobre sus compañeros de vida (los personajes de esta película). Así, Loving Vincent se desarrolla en la localidad de Auvers-sur-Oise, en la que Van Gogh vivió sus últimos años, acompañado por su amigo, doctor y terapeuta de cabecera, Paul Gachet.

Loving Vincent

Patrocinado, como siempre, por su hermano Theo, Vincent pintaba con tenacidad y persistencia todo lo que ocurría en aquel lugar: todos los campos, todas las flores, todas las estrellas y todas las cosas. Y también a todas las personas: al mismo Gachet, a la hija de éste, al barquero, al niño que se escondía tras los maizales, al cartero, al de la tienda de pinturas, a la mujer que le hospedaba en su posada, a sí mismo…El propio Vincent Van Gogh, pintó y escribió el guión de esta película, y además parece que también se encargó del casting.

Estas bucólicas y concretas circunstancias de los últimos años de Van Gogh, (mucha observación y producción en un único y hermoso lugar, e incontables cartas desbordantes de honestidad e intimidad a su hermano Theo) nos regalaron una estupenda fuente de información narrativa a la que los guionistas y directores, y Hugh Welchman, han logrado dar sentido reuniendo sus piezas en un lugar justo y acertado, la película Loving Vincent.

El principal claim utilizado para su promoción es eso de que es “la primera película de la historia animada al óleo”, aunque yo, personalmente, creo que debe ser la primera y la última. Que haya sido Loving Vincent, sencillamente, era lo que tenía que ser, y no podía ser de otra forma, si observamos este proyecto como algo que comenzó a gestarse, sin deliberación alguna, cuando en 1890 Vincent decide trasladarse a la localidad de Auvers-sur-Oise y comenzar a pintar y documentar todo con lo que se topaba; dar visibilidad y una forma ordenada a aquella historia que Vincent necesitaba contar compulsivamente, no podría haberse hecho de otra forma que a través de su propia pluma y tecnología. Era suya, y definitivamente era una muy especial (por muchos detractores que tenga). Sin embargo, lo de animar películas al óleo no resulta una técnica a la que el cine le haga ningún favor.

Loving Vincent

Más allá de esta confabulación de viajes narrativos en el tiempo, el guión de Loving Vincent es fácil y convencional, pero mantiene el tipo a la hora de ayudar a comprender a ese loquito del pueblo que era Vincent, en aquellos tiempos en Auvers-sur-Oise, y hacerlo de forma compasiva o, al menos, tratar de ello. A través de todos esos personajes que el propio Vincent había decidido que le acompañaran en su historia, se conoce a un hombre de alma noble y dadivosa y corazón pisoteado y humillado. Del mismo modo, una persona torpemente hipersensible y extremadamente difícil de tratar, a la que muchos llegaron a temer.

Un alboroto de carencias afectivas desde su temprana infancia, desaprobación de su vocación y su talento, y una incisiva culpa por recibir la fe y el amor incondicionales de su hermano Theo, que le llevaron a buscar afanosamente la belleza de un mundo que le trató mal, y al que tampoco supo adaptarse, dañándose a sí mismo y a otras personas por el camino.

Creo que siempre termino diciendo lo mismo, eso de que no me gusta tender a los absolutos en la admiración de un artista que, al fin y al cabo, hace cosas bonitas, pero no es algo que le convierta en un referente integral. Sin embargo, por algún motivo, y permitiéndome hacer el más obvio juego de palabras, Loving Vincent si ha conseguido hacerme querer un poco más a Vincent. Angelito mío. Pero sin duda, su hermano Theo era el más majo de todos.

Deja un comentario

You May Also Like

La gran estafa americana, una gran cantidad de grises

Tal y como comentaba el compañero José Luis Merino en su crítica de 12 años de esclavitud, hay películas que se estrenan con tantas expectativas a sus espaldas que a veces nos cuesta valorarlas en toda su dimensión. Algo parecido, pero en sentido inverso, está ocurriendo con La gran estafa americana: no es para tanto será la cantinela más oída al público a la salida de los cines que irán a verla a raíz de sus 10 nominaciones a los Oscars. Lo que sí está claro es que de las nominadas que hemos visto por ahora es la menos obvia de todas: no trata ningún tema importante, no es ningún acontecimiento cinematográfico y ni siquiera es divertida para, supuestamente, ser una comedia. La gran estafa americana es más sutil que todo eso.
Ver entrada

La candidata perfecta, la doctora que quiso ser alcalde

Seguramente no buscaba hurgar en la herida o meter el dedo en la llaga ¡no le hubieran dejado de todas formas! Ser directora de cine en Arabia Saudí es muy…
Ver entrada

Seminci Valladolid 2019: «Un diván en Túnez (Arab Blues)», “Solo nos queda bailar» y «Echo»

“La Seminci siempre ha sido un festival centrado en lo social” decía hace un par de días un relevante director y productor español en un programa de televisión. Buena muestra…
Ver entrada