Little Monsters, niños y ukeleles contra zombis

La moda zombi de los 2010 llegó a su máximo apogeo cuando por fin supo parodiarse y homenajearse a sí misma en la portentosa One Cut of the Dead. Es difícil volver de ahí, y supongo que cuando Disney Channel sacó su propio musical zombie teen (titulado, en un increíble giro, Zombies) todos dimos por hecho que la moda había terminado hasta, por lo menos, los 2030. Craso error. Y es que siempre hay pequeñas películas que nos hacen recordar que los zombis siguen molando si se les da el enfoque adecuado. Lejos de la seriedad de Amanecer de los muertos pero también de la absurda nadería naïf de Zombies, llega ahora Little Monsters, una película australiana que parece estrenarse de rebote por la pandemia, pero que resulta una experiencia tan refrescante y divertida como un baño piscinero en época pre-pandemia. Más que nada porque ahora un chapuzón en la piscina puede acabar, precisamente, como una de Romero.

Little Monsters

En Little monsters seguimos al típico loser recién separado, Dave, que conoce a la mujer de sus sueños, Miss Caroline, la profesora de su sobrino. Ambos van con un grupo de niños a una granja-escuela sin sospechar que unas horas después serán los únicos supervivientes de un ataque zombi localizado exclusivamente en esa zona. Y claro, deben engañar a los niños haciéndoles creer que es un juego, cantando con el ukelele y tratando de domar a Teddy McGiggle, el protagonista de un programa infantil que en su vida real se acuesta con las madres de todos sus espectadores.

Por algún motivo, la ganadora de un Óscar Lupita Nyong’o decidió hacer esta película en un hueco entre Black Panther, Nosotros y Star Wars episodio IX. Creo que el director, Abe Forsythe, todavía no entiende qué está pasando. La implicación de la actriz fue tal que gracias a ella y sus contactos se pudieron conseguir los derechos de una canción de Katy Perry vital para la trama. Sinceramente, que una actriz laureada lo dé todo por una comedia zombi con niños solo me hace apreciarla más.

Sí, al guión le falta algo de mala leche y le sobra azúcar, pero la mezcla general es magnífica: consigue exactamente lo que quiere. Ni los niños resultan coñones ni la trama nos suena a recalentada en el microondas. No es tan fácil como parece. Y es que, además de la comedia y el toque de humor, Little Monsters esconde algo muy gratificante e inusual en producciones con estas expectativas: un corazón enorme. Los personajes, lejos de ser meras caricaturas o simples carcasas de chistes y reacciones, son complejos y tridimensionales a medida que va pasando el metraje. Aunque al principio son simples bosquejos (especialmente Dave, al que hemos visto mil veces en mil películas diferentes, con el síndrome Jack Black o Seth Rogen de vago perdedor con cierto carisma), su carcasa se resquebraja y aparecen personas reales con sentimientos reales a los que –nunca dirías esto al empezar la peli- quieres apoyarles hasta el final. 

Little Monsters

Sí, sabes cómo va a acabar en cuanto se plantean todas las situaciones, pero no importa: sigue siendo un viaje satisfactorio porque la propia película no suelta el volante en ningún momento, siguiendo una estructura canónica, de libro, que funciona a las mil maravillas dentro de su simpleza. Las situaciones parecen (que no son) novedosas, el humor ayuda a digerir las partes donde podríamos torcer el morro y todos los personajes terminan siendo creíbles y agradables. No es la panacea, no es la película definitiva, pero es perfecta para un ratito veraniego. 

Además, se nota que todos, desde un director que consigue que el presupuesto luzca mucho mayor del que es (¡ojo a esos exteriores con decenas de zombis!) hasta Josh Gad (más conocido como la voz de Olaf en Frozen) o Alexander England (Alien: Covenant, Dioses de Egipto) confían en el proyecto y lo dan todo para que funcione. Todos los elementos confluyen para que Little Monsters consiga dar lo mejor de sí misma y ser la mejor película que puede ser con lo que tiene que ofrecer. 

Little Monsters

La evolución de los personajes, los pequeños giros de guión, el humor intrínseco a la situación, los diálogos, el slapstick… Todo parece ensamblado a la perfección. Cierto, no es una gran película imprescindible, pero tampoco intenta serlo. Y al final, eso es lo que la hace tan especial.

Little Monsters (Abe Forsythe, 2019) ⭐️⭐️⭐️

Little Monsters